Ante la amenaza concreta de que los gobernadores de Provincias Unidas voten contra el Presupuesto, el Gobierno nacional activó este martes una negociación de urgencia con Córdoba. El encargado fue Diego Santilli, ministro del Interior, quien retomó el diálogo con el gobernador Martín Llaryora para evitar una ruptura política con la Casa Rosada, en un contexto marcado por la grave crisis de la Caja de Jubilaciones provincial.

El giro de Santilli —que hasta ahora había esquivado el contacto con el cordobés— se produjo luego de que los mandatarios de Provincias Unidas advirtieran que no acompañarán la “ley de leyes”, tal como revelaron. El malestar se acumuló tras el reparto selectivo de Aportes del Tesoro Nacional (ATN) y de lugares clave en las comisiones del Congreso, que dejó afuera a ese grupo de gobernadores.

En Córdoba, el ninguneo cayó especialmente mal. Cerca de Llaryora reconocen que hubo decepción por la demora de Santilli en retomar el contacto tras una primera reunión realizada semanas atrás. “Nos dijo que íbamos a seguir conversando y no volvimos a tener noticias hasta este martes”, un funcionario del gabinete provincial al tanto de las gestiones por fondos.

Finalmente, Santilli cedió y llamó a Llaryora para abrir una discusión sobre la crítica situación de la Caja de Jubilaciones —uno de los principales focos de conflicto— y otros temas sensibles de la relación Nación–Provincia. El déficit del sistema previsional tiene a los estatales en estado de alerta y obligó al gobierno cordobés a instrumentar bonos para los jubilados de mayores ingresos, mientras la Provincia reclama los giros nacionales comprometidos y que por ley le corresponden a Córdoba y que vienen siendo negados desde la presidencia de Cristina Kirchner.

En el Centro Cívico acordaron darle a Santilli lo que resta de la semana para evaluar si existe margen real para un acuerdo. Sin embargo, el escepticismo persiste. “Está claro que Santilli no toma las decisiones. Los únicos que mandan son Toto Caputo, Santiago y Karina Milei, junto con los Menem. El resto es cotillón”, deslizó un dirigente del peronismo cordobés.

La tensión también se explica por el creciente poder de los Menem en el armado político y económico, que —según los gobernadores— favorece una alianza con mandatarios peronistas del Norte, considerados más “confiables” y menos costosos en términos fiscales y políticos.

Mientras tanto, en el Congreso el oficialismo intenta reunir votos para aprobar el Presupuesto y avanzar con la reforma laboral en el Senado, pero el malestar de Provincias Unidas sigue latente. Aunque la amenaza de votar en contra no todos la toman al pie de la letra, el clima es de advertencia. “Hay que seguir conversando, vamos a ver”, admiten desde el cordobesismo.

A este escenario se suma una incógnita clave: la aún no concretada asunción de Juan Schiaretti como diputado nacional. El exgobernador se recupera de una cirugía cardiovascular, pero en Córdoba crecen las dudas sobre si asumirá en lo inmediato, en marzo o si directamente no lo hará. Esa incertidumbre alimenta especulaciones sobre el debilitamiento de Provincias Unidas y el corrimiento de Schiaretti de la escena nacional.

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