Por Romualdo de la Hoya
La noticia cayó esta mañana como una bomba de tiempo que finalmente detona en el corazón de la Casa Rosada. El juez federal Sebastián Casanello procesó hoy a Diego Spagnuolo y a otras 18 personas, confirmando lo que hasta ayer eran sospechas periodísticas: la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS) fue cooptada por una asociación ilícita dedicada a desviar fondos públicos. Con un embargo dictado de más de 200.000 millones de pesos, la Justicia Federal ha puesto en cifras el tamaño del desfalco.
Pero quedarse solo en la figura de Spagnuolo sería un error de principiante o un acto de complicidad.
El procesamiento del ex titular de la ANDIS no es la caída de un funcionario de tercera línea; es el procesamiento del ex abogado personal y amigo del Presidente. Spagnuolo no llegó a ese sillón por concurso ni por currículum sanitarista; llegó por la confianza ciega del «Triángulo de Hierro». Y es esa misma confianza la que hoy incrimina políticamente a sus jefes.
La resolución judicial describe una maquinaria de corrupción sistémica, no un desliz individual. Y aquí es donde el silencio de Karina Milei se vuelve aturdidor. Los audios que dieron origen al escándalo —donde el propio Spagnuolo hablaba de porcentajes para «la Jefa»— resuenan hoy con una gravedad institucional ineludible. Que el juez haya avanzado por la vía de las pruebas administrativas no borra la mancha política: alguien habilitó a Spagnuolo a operar, y alguien debía controlarlo. En el esquema verticalista de La Libertad Avanza, todos los caminos conducen a la Secretaría General.
Por otro lado, la situación de los Menem y de Santiago Caputo queda expuesta en carne viva. Ellos fueron los arquitectos del desembarco de esta gestión en el organismo. La validación política de Spagnuolo y su entorno (incluyendo al también procesado Garbellini) pasó por sus despachos. Hoy, la estrategia de «soltarle la mano» al caído ya no alcanza. Si sabían, son cómplices de la estructura de recaudación; si no sabían, su impericia para seleccionar y vigilar a sus propios cuadros es de una magnitud que asusta.
El fallo de Casanello de este 9 de febrero marca un antes y un después. Ya no es una «operación de prensa». Es un expediente judicial que dice que en el gobierno que venía a combatir a la casta, se montó una ventanilla de negocios millonarios con la plata de los discapacitados.
El procesamiento de Spagnuolo es el primer dominó. La pregunta que aterra al círculo rojo del gobierno es simple: ¿quién sigue cuando el ex amigo del Presidente decida que no quiere caer solo? La impunidad del «no sabía» se terminó hoy.

