En un informe que el oficialismo celebra como victoria económica, UNICEF Argentina anunció hoy una reducción en los indicadores de pobreza infantil, con hogares vulnerables que pasaron del 48% al 31% en un año. Sin embargo, un análisis más profundo revela una realidad menos triunfal: el gobierno de Javier Milei heredó una situación delicada, la empeoró drásticamente en sus primeros meses y ahora, con la desaceleración inflacionaria, la pobreza regresa a niveles similares a los de fines de 2023, cuando el libertario asumió el poder. Es un rebote, no un avance estructural.
La novena Encuesta Rápida de UNICEF, realizada en 1.342 hogares representativos, destaca que el porcentaje de familias con niños y adolescentes cuyos ingresos no cubren gastos corrientes cayó del 48% en 2024 al 31% actual. Esto se traduce en una mejora en el acceso a alimentos: solo el 30% de los hogares reporta restricciones por falta de dinero, frente al 52% del año pasado. Sebastián Waisgrais, especialista en Inclusión Social de UNICEF, atribuye estos «frágiles avances» a tres factores: la baja de la inflación, la recomposición de la Asignación Universal por Hijo (AUH) –que cubre casi el 98% de la canasta básica– y una leve mejora en ingresos informales.
Pero el eje de esta historia es el impacto del ajuste inicial de Milei. Al asumir en diciembre de 2023, la pobreza monetaria infantil rondaba el 57,5% según mediciones oficiales del INDEC, afectando a unos 7 millones de niños. Para el primer semestre de 2024, tras la devaluación del 54%, el salto inflacionario del 25,5% en diciembre y el 20,6% en enero, y el recorte fiscal, la cifra escaló al 66,1% –casi 8 millones de chicos en vulnerabilidad extrema–. UNICEF proyectaba entonces un 70% de pobreza multidimensional, con 8,6 millones de menores en condiciones críticas. Ese pico, el peor en 20 años, fue el costo directo de las «reformas profundas» que Milei prometió como «daño corto plazo».

Hoy, con el 46,1% de niños en pobreza –equivalente a 5,5 millones–, la tasa ha bajado 21 puntos respecto al pico de 2024, pero se alinea con los niveles pre-ajuste de fines de 2023 (alrededor del 52-57%). En números absolutos, significa que 2,4 millones de niños «salieron» de la pobreza en 2025, pero solo recuperan terreno perdido en 2024. Rafael Ramírez Mesec, representante de UNICEF, lo califica de «avances frágiles» que requieren «prioridad en la agenda pública» para no revertirse.
Comparado con años anteriores, el panorama es mixto. En 2019, pre-pandemia, la pobreza infantil era del 47-50%, similar al actual. La pandemia la impulsó al 60% en 2020-2021, y el gobierno de Alberto Fernández la contuvo en torno al 58,5% en el segundo semestre de 2023. El shock mileísta la disparó, y la actual «baja» es un retorno a la normalidad precaria, no un salto cualitativo. Además, persisten desigualdades: el 10% de niños en extrema pobreza (1,2 millones), y un endeudamiento familiar que subió al 46% de hogares, afectando prepagas y escuelas.
Mientras el oficialismo –con Milei tuiteando «Viva la libertad carajo»– usa estos datos para validar su modelo, UNICEF advierte: sin inversión sostenida en niñez (el presupuesto cayó 18% en 2024), estos logros son reversibles. La pobreza infantil en Argentina no es un problema resuelto; es un ciclo que Milei aceleró y ahora mitiga, pero sin garantías de futuro.
