Mientras La Calera se hunde en el abandono, la gestión municipal decidió gastar millones de pesos públicos en una llamada “Reunión de Planificación 2026” realizada en Tanti, lejos de la ciudad y de los problemas reales de los vecinos. Un encuentro con formato de retiro político, pagado por el Municipio, que expone con crudeza las prioridades del gobierno local.

Las propias imágenes difundidas por el intendente y por la cuenta oficial de la Municipalidad muestran a casi 100 integrantes de la planta política, muchos de ellos alojados y alimentados durante todo un fin de semana. La reserva habría sido realizada para 70 personas, con alojamiento y media pensión, por un monto cercano a los 7 millones de pesos, sin que se informe públicamente si hubo costos adicionales por los asistentes excedentes.

Todo esto ocurre en una gestión que, con dos años cumplidos, no puede mostrar una sola obra pública relevante, pese a haber recibido 700 millones de pesos destinados al reasfaltado de la avenida Simón Bolívar, una promesa que sigue siendo solo eso: promesa.

Llamar “planificación” a este gasto resulta un insulto para los vecinos. Más aún cuando el contexto político muestra señales evidentes de reordenamiento interno del vecinalismo, golpeado por el fracaso electoral de Encuentro Vecinal Federal a nivel nacional, que no logró colocar a su principal figura, García Elorrio, como diputado. Lo que se “planificó” en Tanti parece haber sido más la supervivencia política del espacio que el futuro de La Calera.

El escándalo se vuelve obsceno cuando se lo contrasta con la realidad cotidiana. En Calera Central, varias viviendas se inundaron recientemente porque una roca obstruía un canal de desagüe. Según denunciaron los propios vecinos, el problema no pudo resolverse porque los trabajadores municipales no tenían herramientas para romperla. No había recursos para una máquina, pero sí para un retiro político con alojamiento pago.

La pregunta es tan simple como demoledora:

¿por qué esta reunión no se realizó en dependencias municipales, en algún espacio local prestado, o en el predio Laguna Azul, que recibe apoyo oficial? La respuesta parece evidente: porque el objetivo no era trabajar para La Calera, sino blindar a la dirigencia.

Gobernar no es sacarse fotos en un resort ni ordenar la tropa con plata ajena.

Gobernar es dar respuestas, hacer obras, prevenir inundaciones y cuidar cada peso.

En La Calera, hoy, sobran excusas y faltan gestión y prioridades.

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