La industria metalúrgica volvió a mostrar señales de fuerte deterioro en noviembre, con una caída interanual del 4,2%, en un contexto marcado por la recesión, la paralización de la obra pública y el desplome del mercado interno. El dato confirma la continuidad de una tendencia negativa que se profundiza desde la asunción del gobierno de Javier Milei.
Uno de los indicadores más preocupantes es el uso de la capacidad instalada, que se ubicó en su nivel más bajo desde que se tienen registros, reflejando fábricas semiparalizadas, turnos reducidos y suspensiones de personal en distintos puntos del país.

Desde el sector advierten que la combinación de apertura importadora, caída del consumo, tasas de interés elevadas y ausencia de políticas de estímulo productivo está asfixiando a las pymes industriales, que representan el núcleo del entramado metalúrgico. A esto se suma la falta de obra pública, que impacta de lleno en rubros clave como maquinaria, estructuras metálicas y bienes de capital.
Aunque el Gobierno insiste en que el ajuste es “transitorio” y necesario para ordenar la macroeconomía, los números muestran un escenario de desindustrialización acelerada, con pérdida de empleo y capacidad productiva que será difícil de recuperar aun en un eventual rebote económico.
Empresarios del sector advierten que, de no revertirse el rumbo, el deterioro podría profundizarse en los próximos meses, comprometiendo no solo la actividad metalúrgica sino a toda la cadena industrial, en un país donde la industria sigue siendo un motor central del empleo y el desarrollo.
