Después de más de 50 días de incendios devastadores, miles de hectáreas arrasadas y un reclamo sostenido de gobernadores, legisladores y comunidades enteras, el presidente Javier Milei finalmente decidió enviar recursos al sur del país. No fue por convicción, ni por una política preventiva, ni por sensibilidad frente a una emergencia ambiental histórica. Fue, lisa y llanamente, por presión política y social.
Durante semanas, el Gobierno nacional optó por mirar para otro lado, minimizando la crisis y escudándose en el ajuste, la motosierra y el dogma del “Estado ausente”, mientras el fuego avanzaba sin control en provincias como Chubut, Río Negro, Neuquén y Santa Cruz. Recién cuando el costo político empezó a crecer —y el aislamiento del Ejecutivo se volvió inocultable— Milei activó el envío de fondos y recursos federales.
La reacción llegó tarde. Muy tarde.
Mientras brigadistas, bomberos voluntarios y vecinos peleaban contra el fuego con recursos insuficientes, la Casa Rosada evitó declarar la emergencia ígnea, una medida clave para acelerar la asistencia y coordinar esfuerzos. El pedido fue impulsado por gobernadores de distintos signos políticos, pero el Gobierno nacional eligió el silencio y la dilación.
El anuncio del envío de fondos y del refuerzo operativo aparece ahora como un intento de control de daños, no como una respuesta planificada. Milei habla de “operativos históricos”, pero el dato central es otro: la ayuda llegó cuando el desastre ya estaba desatado y después de semanas de reclamos ignorados.
Este episodio vuelve a exponer una constante del actual gobierno: la negación de la responsabilidad del Estado frente a las emergencias. La ideología libertaria choca una vez más con la realidad. Cuando el mercado no apaga incendios y la motosierra no sirve frente al fuego, el Estado reaparece… aunque sea tarde y a regañadientes.
La Patagonia ardió mientras el Presidente priorizaba la confrontación política y el relato del ajuste. Hoy, el envío de recursos no borra la demora ni la falta de liderazgo. No fue una decisión anticipada: fue una rendición ante la presión.
Y el fuego, mientras tanto, ya había hecho su trabajo.

