El escándalo por los préstamos del Banco Nación ya no es un goteo: es un sistema. A la lista de funcionarios y dirigentes libertarios beneficiados con créditos millonarios ahora se suma Federico Sharif Menem, sobrino de Martín Menem y de “Lule” Menem. Tiene 24 años, su primer trabajo en blanco fue en 2024 y aun así consiguió un crédito por 357 millones de pesos.

Sharif ingresó al Congreso ese mismo año como secretario y mano derecha de su tío, con un sueldo cercano a los 2 millones de pesos. Desde ese lugar, además, maneja áreas sensibles como las contrataciones de la Cámara de Diputados. En los pasillos aseguran que se mueve con chofer, aunque su entorno lo niega. También lidera la juventud libertaria por decisión de Karina Milei.

El dato central no es solo político: es financiero. Con ingresos recientes y sin historial crediticio sólido, el joven accedió a un préstamo que en condiciones normales sería imposible.

Pero no es un caso aislado.

El mismo esquema se repite en todo el país. En Córdoba, un dirigente libertario vinculado al PAMI obtuvo un crédito de 250 millones de pesos, cuando su capacidad crediticia real rondaba apenas los 4,8 millones. Es decir: el Banco Nación le prestó 52 veces más de lo que podía justificar.

La lista sigue creciendo. Aparecen nombres como Felipe Núñez —cercano a Luis Caputo—, quien declaró bienes por menos de 20 millones de pesos y aun así recibió un crédito de 370 millones. Su ingreso al sistema formal también es reciente: empezó a trabajar para el Estado en 2024.

El patrón es claro: ingresos bajos, escasa trayectoria laboral, pero acceso a montos millonarios desde la banca pública.

Como telón de fondo, los Menem ya estaban bajo la lupa por otra operación con el Nación: la preadjudicación de un contrato de casi 4.000 millones de pesos a la empresa Tech Security, propiedad de familiares directos del presidente de la Cámara de Diputados.

El Banco Nación, que debería funcionar como herramienta de desarrollo, aparece cada vez más como una caja política al servicio de una estructura de poder. Mientras millones de argentinos no acceden a créditos básicos, un grupo selecto consigue cifras extraordinarias sin respaldo visible.

La pregunta ya no es si hubo irregularidades.
La pregunta es hasta dónde llega el mecanismo.

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