La versión que circula en el mercado es tan inquietante como verosímil: con las reservas en un rojo histórico que ronda los USD 16.000 millones, el Banco Central habría cubierto el vencimiento del Bopreal recurriendo a la única caja realmente líquida que queda en el sistema: los encajes bancarios, es decir, la plata de los depositantes comunes.

No es la primera vez que se advierte que el supuesto “colchón” de reservas es, en realidad, una mezcla de recursos intocables: el swap chino y el crédito del FMI que tienen destino restringido. Lo único que queda disponible, según operadores y economistas, son los depósitos privados respaldados en los bancos. Y allí apuntan todas las sospechas.

El pago del Bopreal —presentado por el Gobierno como un paso hacia “normalizar” la economía— abrió un frente nuevo: si para cumplir con los compromisos en dólares el Central está raspando los fondos de la gente, el margen de maniobra no solo es mínimo, es peligroso. De confirmarse, sería una señal de absoluta fragilidad financiera, una admisión implícita de que la caja propia ya no existe.

Mientras tanto, desde el Gobierno evitan explicaciones detalladas. Prefieren celebrar el pago como un logro técnico, aun cuando el mercado entiende otra cosa: que la institución que debería garantizar confianza está operando al límite, sosteniendo compromisos con dinero ajeno y postergando un estallido que, si no cambian las condiciones, parece inevitable.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *