Después de varios días de exposición pública y de un repudio generalizado, Germán Iván Benítez finalmente devolvió los más de $700.000 que habían sido transferidos por error a su cuenta bancaria. La devolución llegó recién cuando el caso se viralizó y quedó expuesto el comportamiento del joven, conocido por su estilo violento y agresivo en redes sociales, donde insulta a diestra y siniestra a cualquiera que no piensa como él.

Benítez, estudiante de Derecho en la UNC y muy cercano políticamente a Gabriel Bornoroni y a Karina Milei, había sido denunciado después de que la damnificada intentara recuperar su dinero sin éxito. Según relató la propia afectada, Benítez no solo la había bloqueado, sino que incluso le había respondido que “no tenía el dinero”, pese a que la transferencia figuraba acreditada en su cuenta.

El giro en su actitud llegó únicamente después del escrache público y la visibilización masiva del caso. Si no hubiera sido por la presión social, es probable que nunca hubiera devuelto la plata, tal como sugieren los mensajes previos y la negativa inicial del propio Benítez.

Incluso el mismo Benítez publicó en su red social X que fue un mal entendido, pero los damnificados sostuvieron que no se trató de eso y que él aceptó haber robado el dinero depositado erróneamente pero que no disponía del mismo para reponerlo, según las palabras de los depositantes.

El libertario se vio acorralado por el escarche social y trató de convencer a la gente que se había tratado de un error. Lo que olvidó poner es que lo devolvió a casi un año de la transferencia original. Si tomamos en cuenta las tasas de mercado libre, lugar por donde se hizo la transferencia Benítez debería haber devuelto más de 6 millones de pesos según las tasa que maneja MP del 920 por ciento.

Más allá de la restitución del monto, la causa penal continúa, ya que devolver el dinero no borra la figura de apropiación indebida ni el daño provocado. El episodio, además, vuelve a poner bajo la lupa la conducta de referentes jóvenes ligados al oficialismo libertario, cuya prédica moralista en redes sociales contrasta con prácticas personales difíciles de justificar ante el más mínimo escrutinio público.

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