Villa Carlos Paz atraviesa una crisis tan absurda como indignante: el San Roque rebalsa, el embudo funciona a toda máquina… y la ciudad está seca. En pleno pico turístico, miles de visitantes y vecinos se quedaron sin agua mientras el municipio de Esteban Avilés corre detrás de los hechos, improvisando soluciones que exponen una desinversión histórica.

Las lluvias torrenciales elevaron el nivel del lago más de dos metros en horas, arrastrando barro, ramas y sedimentos hacia un sistema de captación que hace tiempo funciona al límite. La infraestructura colapsó de inmediato. Las plantas de potabilización tuvieron que detenerse y el servicio cayó en toda la ciudad.

Hoteles llenos, duchas vacías… y turistas haciendo las valijas

La temporada prometía números récord, pero hoy la postal es otra: hoteles que racionan duchas, restaurantes trabajando a media máquina y barrios enteros sin presión desde hace días. Para sostener un mínimo de funcionamiento, el municipio se vio obligado a llenar los tanques con camiones cisterna, una medida desesperada y propia de ciudades sin planificación, no del principal polo turístico de Córdoba.

La situación generó el impacto más temido: turistas que decidieron abandonar Carlos Paz y buscar destinos con servicios garantizados. Algunos emprendieron viaje hacia las sierras chicas; otros, directamente, volvieron a Córdoba capital o se trasladaron a puntos del Valle de Punilla que no sufren el mismo nivel de afectación.

La gestión Avilés, señalada por desidia

El problema no es solo la tormenta. Es la acumulación de advertencias ignoradas, obras prometidas y nunca ejecutadas, y un sistema de captación vulnerable que quedó expuesto ante la primera creciente fuerte. La gestión Avilés intenta explicar la crisis como un fenómeno extraordinario, pero lo extraordinario es que una ciudad con lago propio no pueda garantizar agua en pleno enero.

Un verano manchado por la improvisación

Con comercios complicados, turistas en fuga y un destino cuya imagen se deteriora día a día, la pregunta es si la ciudad soportará un nuevo evento climático similar. Porque agua sobra: lo que falta —y cada vez más evidente— es gestión.

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