La city financiera transita una semana donde la calma cambiaria convive con señales que inquietan a los operadores: el boom de Obligaciones Negociables (ONs) ofrece un respiro en el frente de los dólares alternativos, pero las proyecciones inflacionarias vuelven a encender alertas para el cierre del año. En los bancos y mesas de dinero coinciden en que el mercado atraviesa un período de “paz prestada”: la volatilidad se moderó tras el shock posterior a las elecciones, pero todos esperan definiciones del Gobierno sobre encajes bancarios, demanda de pesos y el esquema cambiario que regirá en 2026.
En este contexto, los analistas observan que el Banco Central mantiene la prioridad en anclar expectativas de inflación antes que en acelerar la acumulación de reservas. El dólar oficial se mueve por debajo del techo de la banda y eso habilita episodios de mayor volatilidad sin presionar las arcas del BCRA, un punto que en el mercado leen como una señal de continuidad del manejo actual. Sin embargo, la inflación continúa siendo la variable más sensible: a pesar de la tensión cambiaria de las últimas semanas, no despegó, pero sí se espera un repunte hacia fin de año.
A la par, el auge de las ONs en Wall Street volvió a niveles récord desde el inicio del gobierno de Javier Milei, lo que aliviana la presión sobre el mercado local y abre oportunidades para inversores que buscan instrumentos en dólares con menor riesgo que la deuda soberana. La contracara es que los bonos del Tesoro en pesos enfrentan un cronograma de vencimientos exigente, mientras el Gobierno precisa sostener la demanda de pesos para evitar sobresaltos. La discusión sobre los encajes y la capacidad del Tesoro de absorber liquidez sin tensionar las tasas será uno de los ejes clave de los próximos días.
En paralelo, crece el debate sobre la transición hacia un nuevo régimen cambiario y monetario. Para los fondos del exterior que visitaron Buenos Aires en los últimos días, el Gobierno atraviesa una ventana de oportunidad para redefinir su estrategia: el resultado electoral le dio aire político, pero la economía real empieza a mostrar limitaciones. Algunos de los inversores más influyentes que recorrieron oficinas de bancos y empresas dejaron una mirada matizada: reconocen la disciplina fiscal, pero observan fragilidades en la capacidad del Ejecutivo para sostener su programa sin cambios de rumbo.

Vladimir Werning, uno de los nombres más escuchados en el mercado financiero argentino, planteó en reuniones privadas dos caminos posibles: sostener la banda cambiaria actual con un proceso de desinflación más rápido y un crecimiento más lento, o recalibrarla para acelerar la acumulación de reservas. Las metas con el FMI, que exigen una suba significativa de activos internacionales netos, también presionan para que el Gobierno tome decisiones más pronto que tarde.
En las mesas de dinero locales corre otra lectura: la ganancia fuerte en los bonos ya quedó atrás y lo que viene es una etapa de renta antes que de salto de capital. Algunos operadores recomiendan Globales cortos y CER, otros observan atractivo en el sector construcción. Entre los operadores más técnicos, se impone una lectura prudente sobre los Duales y sobre los instrumentos dólar linked, mientras crece el interés por rotación hacia ONs corporativas —especialmente del sector energético— que hoy ofrecen rendimientos en dólares comparables o superiores a los BOPREALES.
El ruido político también recalienta los debates. La consolidación del poder en torno a Karina Milei, la tensión entre el círculo cercano del Presidente y sectores del gabinete, y la incertidumbre sobre la continuidad de Luis Caputo para la próxima fase del Gobierno alimentan análisis cruzados en cada almuerzo de Puerto Madero. Para los fondos extranjeros, la duda no es solo técnica sino política: ¿seguirá el mismo equipo para ejecutar las reformas más complejas? ¿Habrá un giro hacia la economía real o se profundizará el sesgo financiero?
Mientras tanto, sobrevuela la pregunta que desde hace semanas divide a analistas y bancos de inversión: ¿puede el Gobierno sostener un proceso de desinflación sin recuperación del consumo? En un escenario donde los ingresos reales siguen deprimidos y la demanda interna cae, el Gobierno enfrenta el desafío de mostrar señales de repunte antes del año electoral de 2026.
El mercado celebra la calma, pero sabe que es transitoria. La economía argentina vuelve a jugar en modo “equilibrio inestable”, y las próximas semanas dependerán de definiciones monetarias, políticas y fiscales que el Gobierno ya no podrá estirar demasiado.
