El nuevo movimiento dentro del Ministerio de Justicia vuelve a encender la polémica: Juan Martín Mena designó a su hermano, Esteban Mahiques, como jefe de Gabinete de la cartera.

La designación fue oficializada a través del Boletín Oficial y se aclaró que el cargo será “ad honorem”, es decir, sin cobrar sueldo. Sin embargo, lejos de calmar las críticas, ese detalle suma más dudas que certezas.

El eje del cuestionamiento es claro: más allá de que no haya remuneración, se trata de un nombramiento directo de un familiar en un puesto clave dentro del Estado. Un lugar con poder de decisión, acceso a información sensible y capacidad de influencia política.

El argumento del “ad honorem” suele utilizarse para intentar desactivar críticas, pero no resuelve el problema de fondo: el posible nepotismo. Porque el debate no pasa solo por el sueldo, sino por el uso del Estado para ubicar personas de confianza, en este caso, un hermano.

Además, la designación se da en un contexto donde el gobierno de Javier Milei insiste con el discurso de achicar el Estado, terminar con los privilegios y ordenar la política. Este tipo de decisiones van en sentido contrario y generan ruido incluso entre quienes apoyan esa línea.

Tampoco es un dato menor el perfil de Esteban Mahiques, con vínculos previos en el ámbito judicial y político, lo que refuerza la idea de una estructura cerrada donde los cargos circulan entre nombres conocidos.

En síntesis, aunque el cargo no implique un sueldo, la decisión abre un frente de críticas difícil de esquivar: el uso de vínculos familiares en puestos de poder sigue siendo una práctica que choca con cualquier discurso de transparencia.

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