Un nuevo nombramiento dentro del Estado volvió a encender la polémica y reavivó las críticas contra el discurso de la meritocracia que impulsa el presidente Javier Milei. En esta ocasión, el foco está puesto en Ezequiel Acuña, un twittero libertario que dejó su paso por la TV Pública para asumir como subgerente en Nucleoeléctrica Argentina.
Según trascendió, Acuña ocupará el cargo de Subgerente de Responsabilidad Social Empresaria dentro de la compañía estatal encargada de la generación de energía nuclear en el país, con una remuneración que superaría los 10 millones de pesos mensuales. La designación generó cuestionamientos inmediatos, no solo por el monto del salario, sino también por el perfil del designado.
De acuerdo a la información difundida, Acuña finalizó el secundario en 2020, inició estudios en Ciencia Política que no concluyó y actualmente cursa la carrera de Abogacía. Además, es cofundador del medio digital La Derecha Diario y tuvo participación en la TV Pública durante la actual gestión.
Las críticas no tardaron en aparecer, especialmente desde sectores opositores y en redes sociales, donde se cuestionó la coherencia entre este tipo de nombramientos y el relato oficial que promueve el esfuerzo individual como principal vía de ascenso. La discusión se centra en si estos cargos responden a criterios técnicos y de experiencia o a afinidades políticas e ideológicas.
En ese marco, distintas voces retomaron el debate sobre la meritocracia, señalando que este tipo de decisiones contradicen el discurso del propio Gobierno. “No hay libertarios gratis”, ironizaron usuarios, poniendo en duda la idea de que el acceso a posiciones jerárquicas se base exclusivamente en el mérito.
El episodio se suma a una serie de cuestionamientos que enfrenta la administración de Milei en torno a la designación de funcionarios y el uso de estructuras estatales, en un contexto donde el ajuste económico convive con sueldos elevados en determinados cargos públicos.
Así, más allá del caso puntual, el nombramiento vuelve a instalar una pregunta incómoda para el oficialismo: ¿hasta qué punto la meritocracia es un principio rector real de gestión o una bandera discursiva que pierde fuerza frente a las prácticas concretas?

