El Ministerio de Economía volvió a mostrar que el supuesto ordenamiento financiero se sostiene a fuerza de más deuda y tasas cada vez más caras. En la última licitación del Tesoro, el Gobierno colocó $10,34 billones en deuda en pesos, con un rollover del 124%, pero el dato clave fue el costo: tasas que treparon hasta el 42,4% nominal anual.
Lejos de ser una señal de fortaleza, el resultado expone la dependencia creciente del endeudamiento de corto plazo para sostener la caja del Estado. Para renovar vencimientos y conseguir financiamiento adicional, Economía tuvo que convalidar rendimientos muy por encima de la inflación esperada, trasladando un mayor peso de intereses al futuro inmediato.
El mercado respondió, pero no por confianza sino por precio. La fuerte suba de tasas refleja la desconfianza de los inversores frente a un programa económico que promete equilibrio fiscal mientras patea compromisos hacia adelante y encarece el costo de la deuda en pesos.
En los hechos, el Gobierno celebra haber superado el 100% de rollover, pero hipoteca el corto y mediano plazo, alimentando una bola de nieve financiera que exige renovaciones permanentes y cada vez más costosas. El ajuste no evita la deuda: la profundiza, con un esquema que castiga la actividad y tensiona aún más el frente financiero.

