El gráfico del Ministerio de Trabajo deja una foto contundente: en el tercer trimestre de 2025, comparado con 2023, el empleo privado registrado cae en la enorme mayoría de las provincias. Apenas dos distritos muestran números positivos (Neuquén con +4,4% y Tucumán con un leve +0,2%), mientras el resto exhibe retrocesos que en algunos casos superan los dos dígitos. El promedio nacional ya es negativo y confirma un cambio de tendencia que no puede leerse aislado: es el último capítulo de una historia más larga que atraviesa distintos gobiernos y modelos económicos.
Si se mira hacia atrás, el período 2011–2015 bajo Cristina Fernández de Kirchner mostró una etapa de estancamiento en la creación de empleo formal. Tras el fuerte crecimiento de los años posteriores a 2003, el mercado laboral empezó a mostrar señales de agotamiento. Las políticas de ese momento apostaron a sostener el consumo interno, subsidios y protección de la industria, lo que evitó una caída brusca, pero tampoco logró generar una expansión significativa del empleo privado registrado en el tramo final.
Con la llegada de Mauricio Macri (2015–2019), la promesa fue dinamizar el empleo a partir de la apertura económica, la inversión externa y la baja de la inflación. Sin embargo, los datos muestran que el empleo privado prácticamente no creció en términos netos y, en algunos períodos, retrocedió. La recesión de 2018–2019, sumada a la crisis cambiaria, golpeó fuerte a la industria y a las pymes, sectores clave para la generación de trabajo registrado.
El ciclo 2019–2023, bajo Alberto Fernández, estuvo atravesado por un factor extraordinario: la pandemia de COVID-19. En ese contexto, el gobierno implementó herramientas como el ATP para sostener el empleo formal y evitar despidos masivos. Hubo una caída inicial muy fuerte en 2020, seguida de una recuperación parcial en 2021–2023. Sin embargo, esa recuperación fue más de recomposición que de crecimiento estructural: el empleo volvió a niveles previos, pero sin despegar con fuerza.
El dato de 2025, ya bajo la gestión de Javier Milei, marca un quiebre más profundo. A diferencia de etapas anteriores donde predominaba el estancamiento, el gráfico evidencia una caída extendida y generalizada del empleo privado registrado en casi todo el país. El ajuste fiscal, la paralización de la obra pública y la retracción del mercado interno aparecen como factores centrales para explicar este retroceso. Aun cuando el gobierno apuesta a una estabilización macroeconómica, el impacto en el corto plazo sobre el empleo formal es claramente negativo.
La comparación histórica deja tres conclusiones claras. Primero, que Argentina arrastra más de una década sin crecimiento sostenido del empleo privado. Segundo, que cada modelo económico enfrentó ese problema con herramientas distintas —consumo interno, apertura, asistencia estatal o ajuste— pero sin resolverlo de fondo. Y tercero, que el escenario actual es más crítico: ya no se trata solo de estancamiento, sino de caída.
El desafío hacia adelante no es menor. Recuperar el empleo privado no dependerá solo de estabilizar variables macroeconómicas, sino de reactivar sectores productivos, generar inversión real y sostener el entramado empresarial. Sin eso, los gráficos como el actual dejarán de ser una alerta coyuntural para convertirse en una tendencia estructural.

