El relato libertario empieza a chocar contra la realidad: una nueva encuesta de la consultora Zuban Córdoba expone un dato devastador para el Gobierno de Javier Milei: casi dos de cada tres argentinos no quieren que siga en el poder.
Según el relevamiento, apenas el 29,4% lo votaría en 2027, mientras que un contundente 60,7% rechaza su reelección. No es una grieta: es una mayoría clara que le dice “hasta acá”.

La economía, el fracaso que no se puede tapar
El corazón del rechazo es tan concreto como incómodo para el oficialismo: el 47% de quienes no lo votarían apuntan directamente a la mala gestión económica.
No es ideología, es el bolsillo.
No es relato, es la heladera.
A eso se suman promesas incumplidas (24,7%) y sospechas de corrupción (21,5%), un combo que erosiona incluso la narrativa de “cambio moral” con la que Milei llegó al poder.
Un apoyo débil, más por odio que por resultados
Del lado de quienes aún lo sostienen, el dato también es revelador: casi la mitad lo hace por “confianza en su liderazgo”, pero el segundo motivo es el rechazo al peronismo (21,6%).
Es decir, el respaldo no crece por lo que el Gobierno hace, sino por lo que una parte del electorado detesta. Un sostén frágil, emocional y cada vez más acotado.
La sociedad busca otra cosa (y rápido)
El estudio deja al descubierto un clima social que se aleja del experimento libertario:
- 62,4% quiere un candidato nuevo, por fuera de los partidos tradicionales
- 48,2% apoyaría una alianza opositora para derrotar al oficialismo
- 46,4% se inclina por una opción de centro más moderada
La conclusión es incómoda: la sociedad no solo cuestiona a Milei, también empieza a mirar la salida.
Un Gobierno que pierde el centro y el futuro
Ni siquiera hay consenso sobre cómo debería intentar sostenerse: la mayoría rechaza que Milei se recueste en alianzas con el PRO o la UCR, lo que deja al oficialismo atrapado entre su propia identidad y la necesidad de sobrevivir políticamente.
Con 2.200 casos y un margen de error de +/- 2,09%, la encuesta no es una anécdota: es una señal de alerta.
El dato de fondo es brutal:
si hoy fueran las elecciones, Milei no solo no ganaría cómodo —directamente tiene más gente queriendo que se vaya que que se quede.
Y en política, cuando el rechazo supera el 60%, ya no es desgaste: es principio de final.
