Javier Milei hizo gala de su impunidad en Córdoba. Lo expresó con saña en un abrazo ensayado para que lo vieran sus súbditos políticos, empresarios, electores y periodistas. Eligió Córdoba porque es éste un territorio fértil para la sumisión, la adulación y la complicidad conveniente de la derecha argentina. Córdoba fue la provincia elegida siempre como punto de partida de las gestas más miserables de la historia nacional. Desde la contravolución de Santiago de Liniers en 1810, hasta los golpes de estado y verguenzas genocidas del siglo 20. Solo podemos contar como excepción el «cordobazo», hecho que el imaginario provincial asume con culpa y silencio.

Ayer el criptomafioso presidente de la Argentina Javier Milei abrazó en público, después de ensayar el acto durante todo el vuelo desde CABA a la Bolsa de Comercio de Córdoba (un aguantadero categorizado como lo peor de la provincia) al perverso psicópata jefe de gabinete Manuel Adorni, protagonista de un escándalo de corrupción bananero y exponente de la más sólida impunidad.

¿Qué nos dijo el criptomafioso Milei con esa foto?: «Acá estoy, en Córdoba, territorio que me pertenece como propiedad ideológica. Cuyas voluntades individuales también me pertenecen y me cago en ustedes. Abrazo a quien se me da el ojete. Y no me interesa si se burla de ustedes los docentes, los jubilados, los empleados, los obreros, los empresarios, los dirigentes. Porque somos capaces él y yo de llevarnos todo puesto y de decidir y hacer lo que se nos ocurra, simplemente porque sí.»

¿Quienes disfrutaban con sumisión, obsecuencia e impunidad del acto?:

Luis Juez, el senador nacional, cínico y constante adulador que busca la aprobación del líder a su candidatura (cualquiera que sea el líder y la candidatura) sin cuestionar errores, ocultando siempre la verdad por beneficio propio.

Cármen Alvarez Rivero, la senadora de la ultraderecha católica siempre en postura de oración que medra para obtener beneficios e indulgencia divina. Nunca olvidando lo importante que es para su clase recibir como contraprestación prebendas de diversa significación. Ella y el anfitrion Manuel Tagle fueron los representates abyectos del empresariado de la ultraderecha nacional.

Y el atronador silencio del periodismo: no hay nada peor para el periodismo que la obsecuencia. De hecho, es lo opuesto: no es periodismo, es «hacer prensa». La obsecuencia se nota siempre, perfora la credibilidad, aniquila el rigor, le quita seriedad e interés a cualquier opinión. Se transforma en caricatura. Eso es el periodismo de Córdoba.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *