Al Presidente Javier Milei lo convencieron de que en la Argentina, casi siempre, los clavos salen para arriba. Y como el tiempo se agotaba y no lograba los apoyos necesarios en el Senado para la designación de los nuevos jueces de la Corte Suprema, decidió tomar la iniciativa nombrando por decreto a Ariel Lijo y Manuel García Mansilla. A lo (Mauricio) Macri. A lo Casta.

De acuerdo al comunicado emitido por la Casa Rosada la decisión tiene que ver «con el objetivo de normalizar el funcionamiento del máximo tribunal judicial de nuestro país, el cual no puede llevar a cabo su rol con normalidad con tan solo tres ministros».

En este punto se presenta la disyuntiva odiosa para Luis Juez. ¿acatará en el Senado la decisión de su amigo el Presidente Milei, y de esta forma seguirá cenando en Olivos y mantendrá viva la esperanza de «tener el honor» de ser su candidato a gobernador de Córdoba en 2027, o se sumará a quienes rechazarán las designaciones por decreto. Especialmente la de Lijo a la que los grupos mediáticos Clarín y La Nación se oponen casi a nivel de guerra Santa.

Juez había criticado duramente a Lijo cuando éste se presentó en el Senado a defender su nominación. El cordobés definió, en aquel momento, la exposición del candidato a la Corte como «un espanto. Muy pobre». Una calificación muy fuerte viniendo del Senador que como abogado no ejerce seriamente su profesión desde hace 40 años, y que egresó de la facultad de Derecho de Córdoba con un raquítico promedio de 6,68.

Hasta entonces su lealtad estaba claramente definida en favor de Clarín-La Nación. Los medios de esos grupos, en Córdoba y Buenos Aires, se prodigan en invitaciones a programas y entrevistas donde es muy cordialmente tratado. Nunca se siente incómodo allí .

Sin embargo, en los últimos tiempos, y como ya señalamos también recibe generosos convites del Presidente.

La pregunta que queda pendiente de responder es ¿cómo resolverá este dilema político el Senador?. Nadie puede esperar una posición de estricta consecuencia ideológica. No es Luis Juez precisamente alguién que pueda expresar sin rubor la sentencia «cómo decíamos ayer». Pero tampoco se puede soslayar su capacidad de estar casi siempre en el lugar y momento correcto. Para eso es un especialista y es muy probable que salga con argumentos novedosos para «engatusar» a alguna de las partes.

Aunque un elemento que se debería tener en cuenta es la sensibilidad del momento. Toda esta situación se da en un contexto complejo, donde la agenda de las últimas semanas estuvo determinada por el escándalo de la cripto $Libra, y, para rematar, la adquisición de la compañía Telefónica por parte del Grupo Clarín (Telecom) que podría derivar en una pelea frontal de Milei contra el poderoso grupo mediático en función del monopolio que constituiría en el mercado telefónico del país. Ya no solo Joni Viale se sentirá incómodo. (continuará)

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