Una encuesta del consultor Jorge Giacobbe encendió alarmas en la Casa Rosada y dejó al descubierto un escenario cada vez más incómodo para el presidente Javier Milei: caída sostenida de imagen, pérdida de liderazgo incluso dentro de su propio espacio y, lo más grave, una percepción creciente de corrupción en su gestión.

El relevamiento, realizado sobre 2.500 casos en todo el país, no deja margen para el optimismo oficial. Milei ya no solo dejó de crecer: empezó a caer con fuerza.

Milei ya no lidera ni a los suyos

Los números son contundentes. El Presidente registra apenas 36,1% de imagen positiva contra un 55,6% de negativa. Un saldo claramente en rojo que refleja desgaste, desilusión y pérdida de apoyo.

Pero el dato político más humillante es otro: quedó por debajo de su propia ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, quien lo supera en imagen y empieza a consolidarse como la figura más fuerte del oficialismo.

El mensaje es claro: Milei pierde centralidad incluso dentro del espacio que él mismo construyó.

En paralelo, el gobernador Axel Kicillof se le acerca peligrosamente, confirmando que el Presidente ya no domina el escenario político como hace apenas meses.

El dato que más duele: corrupción

Si la caída de imagen preocupa, el dato sobre corrupción es directamente un golpe político.

Ante la pregunta sobre cuál fue el gobierno más corrupto desde el regreso de la democracia, la gestión de Cristina Fernández de Kirchner lidera con 44,4%. Pero inmediatamente después aparece el gobierno de Milei con 31,3%.

Sí: un gobierno que recién empieza ya es percibido como uno de los más corruptos de los últimos 40 años.

No se trata de un dato menor ni de una simple lectura ideológica. Es un síntoma de deterioro acelerado en la confianza pública.

Más atrás quedan figuras como Carlos Menem o Alberto Fernández, lo que agrava aún más el impacto del resultado para el oficialismo.

En contraste, los gobiernos de Raúl Alfonsín y Fernando de la Rúa aparecen prácticamente sin menciones.

Un desgaste más rápido de lo esperado

El propio Giacobbe intentó relativizar los resultados argumentando que la percepción de corrupción responde a la polarización y al rechazo político. Pero esa explicación no alcanza para tapar lo evidente: Milei empieza a pagar el costo de sus propias contradicciones.

Prometió terminar con la “casta” y hoy enfrenta cuestionamientos, denuncias y sospechas que impactan directamente en su credibilidad.

Prometió un cambio profundo y, en pocos meses, ya aparece asociado a prácticas que decía combatir.

De fenómeno político a problema de gestión

El dato más inquietante para el Gobierno no es solo la caída en las encuestas, sino la velocidad con la que ocurre.

Milei pasó de ser un fenómeno disruptivo con niveles altos de apoyo a convertirse en un presidente con imagen negativa dominante y una percepción creciente de corrupción.

Y eso, en política argentina, suele ser el principio de un problema mucho más grande.

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