Lo que comenzó como una defensa de la apertura de importaciones terminó en un cruce explosivo. El ministro de Economía afirmó que comprar ropa en el país «es un robo», mientras que los empresarios acusan a los funcionarios de «liberalismo suicida».
El clima entre la Casa Rosada y el sector manufacturero, que ya venía golpeado por la caída del consumo y la apertura comercial, terminó de romperse tras las recientes declaraciones del ministro de Economía, Luis Caputo, y el jefe de Gabinete, Manuel Adorni.
La «mecha» de Caputo: «Nunca compré ropa en Argentina»
El detonante fue una entrevista radial donde Caputo justificó la liberalización del sector textil calificando al proteccionismo como una «medida zonza» que perjudica a los más vulnerables. «Yo no compré nunca en mi vida ropa en la Argentina porque era un robo. Los que teníamos posibilidad de viajar comprábamos afuera», sentenció el ministro, disparando directamente contra el corazón de la industria nacional.
Por su parte, Adorni reforzó la postura oficial en televisión, minimizando el impacto en el empleo: «Si un jean acá cuesta 100 dólares e importarlo cuesta 25, explicame dónde se pierden los puestos de trabajo».
La respuesta de la industria: «Se convirtieron en casta»
La reacción de los empresarios no se hizo esperar. Claudio Drescher, presidente de la Cámara Industrial
Argentina de la Indumentaria (CIAI), encabezó la contraofensiva con duras críticas a la gestión económica:
- Acusación de «Casta»: Los industriales afirmaron que los funcionarios «se han convertido en parte de la casta» porque eluden los problemas de fondo —como la competitividad sistémica— y buscan el «camino corto» de la importación.
- Asfixia impositiva: Drescher subrayó que el Gobierno «no desarmó ni un solo impuesto» en dos años de gestión. Según la CIAI, el 55% del precio de una prenda en el mostrador son impuestos, costos financieros y alquileres, mientras que la fabricación apenas representa el 8% del valor final.
- Sarcasmo vs. Realidad: «Es triste que un ministro se refiera con tanto sarcasmo a la producción nacional», señaló Drescher, quien además chicaneó a Caputo sugiriendo que «tampoco debe comprar autos acá porque valen el doble, ni ir al supermercado porque la comida es más cara que en Europa».
Un sector en crisis profunda
Más allá de la retórica, los números del sector muestran un escenario crítico al inicio de 2026:
- Capacidad instalada: El uso de las máquinas en las fábricas textiles cayó al 29,2%, el nivel más bajo de toda la industria.
- Desempleo: Se estima que entre finales de 2023 y septiembre de 2025 se perdieron cerca de 16.000 puestos de trabajo en el rubro.
- Importaciones: Mientras la producción local se desploma, la entrada de prendas del exterior creció un 61% en volumen, impulsada por el boom de compras vía courier.

