El presidente Javier Milei tiene previsto viajar el viernes 16 de enero a Córdoba para participar del Festival Nacional de Doma y Folklore de Jesús María, en lo que aparece más como un movimiento de marketing político que como una visita institucional de peso.
Mientras el país lidia con inflación persistente, tensiones con los gobernadores y un clima económico atravesado por la incertidumbre, Milei eligió hacerse un espacio para desembarcar en uno de los escenarios más multitudinarios del verano cordobés. Una postal perfecta para las redes, aunque desconectada de los problemas urgentes que golpean al bolsillo de los argentinos.
Su presencia en Jesús María —un festival tradicional, popular y profundamente arraigado en el interior productivo— no será inocente. Llega en un momento en el que la relación con Córdoba está lejos de ser idílica: las discusiones por fondos nacionales, impuestos y autonomía financiera tensaron el vínculo con el gobernador Martín Llaryora, que mira la visita presidencial con la misma cautela con la que el público cordobés suele evaluar cada gesto político.
En esta edición, marcada por la incertidumbre económica y el malhumor social, Milei intentará mostrarse cerca del campo, del folklore y del “interior productivo”, sectores que su gobierno dice defender, pero que miran con recelo cada ajuste que impacta en su actividad.
El operativo de seguridad será estricto, la estadía breve y el mensaje, probablemente más simbólico que concreto. El Presidente llega a Córdoba a buscar aplausos en un festival mientras en el país abundan los frentes abiertos. La pregunta que queda flotando en el aire es si la gente de Jesús María aplaudirá el gesto… o si le recordará que los recitales no alcanzan para gobernar.

