Luis Juez utiliza en su pantomima política, desde hace mucho tiempo, la obvia táctica del «blablismo». Habla, habla, habla del mismo modo que Forrest Gump corría. Así, y con la generosa complacencia y vocación compensadora de buena parte de la prensa cordobesa, el senador multideológico esquiva los hechos concretos que debería explicar. Hechos que, cuando se evalúan con mínima profundidad, lo ponen en posiciones imposibles de justificar.

El nuevo episodio de esta saga tiene que ver con su defensa y voto positivo en la sanción de la ley de expropiación de YPF del año 2012. Juez, entonces neokirchnerista, votó a favor de la norma y ofreció un discurso en donde aseguraba que lo hacia en homenaje a la lucha polìtica de su padre, un peronista que había sido preso de la dictadura militar solo «por ser peronista». La polémica se generó cuando Javier Milei, con cuyas medias Luis Juez se atraganta en esta etapa neolibertaria de su rentable tour partidario, calificó esa expropiación como «una pelotudez» del «soviético» Axel Kicillof, cuando era ministro de economía de Cristina Fernández.

Los portales y las redes (incluído Jornada Polìtica) publicaron el video del encendido discurso del senador en aquella histórica sesión. Algunos le pidieron que explicara su postura de entonces a la luz de su alianza neolibertaria de hoy (no tuvieron respuesta) ; otros, además, analizaron el zig zag permanente del senador como una muestra de la inconsistencia de sus fundamentos políticos; y hubo quienes optaron por la complacencia periodística aplicando lo que se conoce como «el peor recursos de los canallas»: el periodismo de declaraciones; o lo que Giodeon Lichfield de The Economist denomina la «declarocracia en la prensa».

A estos últimos nos referiremos.

La prensa, o los periodistas, cuya constante es confundir superficialidad y beneplácito con equilibrio, enfocaron el asunto de la contradicción «nacionalismo hidrocarburífero-neolibertarismo mileinista» de Luis Juez publicando que fueron varios, o la mayoría, de los diputados y senadores cordobeses de entonces que votaron a favor de la hoy demonizada expropiación. Y es verdad. Pero no es menor, y fue convenientemente obviado por esos periodistas, que sólo dos de esos legisladores pasaron del «nacionalismo hidrocarburífero» militante; al «neolibertarismo mileinismo» militante. Ellos son Luis Juez y su socio Ernesto Martínez. No sólo omiten deliberadamente este elemento fundamental (y meten con intencional «equilibrio» a todos en la misma bolsa), sino que además, y más grave, es que no se interrogan ni analizan ese giro copernicano de Juez y Martínez en el marco del chiquero político en el que conviven.

El periodismo complaciente disfrazado de equlibrio publicó que quienes votaron a favor de la ley del «soviético pelotudo» fueron Gumersindo AlonsoErnesto Martínez y Susana Mazzarella (Frente Cívico); Nora Bedano, Fabián FrancioniDaniel GiacominoMónica Gutiérrez y Carmen Nebreda (del Frente para la Victoria); Mario NegriPatricia de Ferrari Gladys Espíndola (UCR), y Francisco Fortuna (Córdoba Federal); en contra votó el peronista Edgard Muller; y estuvieron ausentes  Oscar Aguad e Hipólito Faustinelli, de la UCR; Estela Garnero (bloque Córdoba Federal) y Jorge Valinotto (Frente Cívico). Eso en Diputados. En el Senado votaron a favor Luis Juez y María Teresita Borello (UCR), y en contra, Norma Morandini del entonces Frente Cívico, compañera de banca de Juez.

Sin embargo no aclara que solo dos de todos ellos saltaron a las filas libertarias que odian al Estado y cuestionan la expropiación de YPF en 2012 con argumentos que están más cerca de las sospechas de negocios entre Milei y los fondos buitres que de fundamentos jurídicos concretos.

Salvo Juez y Martínez, ninguno de los mencionados se enrolaron en la Libertad Avanza ni «operan» para obtener los favores de alguna candidatura próxima o mediata. Sólo Luis Juez y Ernesto Martínez cumplen esa condición.

El punto no es menor y hace al abuso y el vicio periodístico disfrazado de ecuanimidad.

Para completar el plano, a esa publicación con propósito de meter a todos en la misma bolsa, le agregaron otro capítulo acrítico y complaciente del declaracionismo juecista publicando dichos del Senador a una radio, también amiga, de Alta Gracia.

En esa exposición el senador neolibertario dice desafiante y se lo regalan en el título: «¿A mi me van a perseguir con un archivo?» y agrega » no soy boludo, estudio lo que voto». Ya en la cúspide de la estafa del hablar, hablar, hablar (total los periodistas amigos no repreguntan), señaló que acompañó la ley por que «en ese momento se hablaba de Vaca Muerta como una oportunidad histórica para el país. Podíamos llegar al autoabastecimiento energético. Decidimos acompañar la expropiación con esa visión de futuro”.

¿¿¿¿¿¿ Qué tiene que ver eso con la justificación de su voto????????. ¿O acaso se votaba a favor o en contra de descubrir Vaca Muerta»?. Sólo este periodismo low-cost puede permitir la nada en palabras (vacías e incomprensibles) y no dedicar ningún esfuerzo por informar el hecho concreto y específico y analizarlo.

Ese hecho obviado es muy básico y puntual: dos legisladores cordobeses, Luis Juez y Ernesto Martínez, votaron en 2012 en acuerdo con el kirchnerismo la expropiación de YPF, y ahora, ellos mismos son militantes con fanatismo converso del presidente que califica a esa expropiación como una «pelotudez soviética». ¿Cómo lo explican, cómo lo justifican?. Esa pregunta se debería responder desde el periodismo y no alimentar la declarocracia compaciente.

Para finalizar, y en acuerdo a todos esos movimientos del hablar, hablar, hablar, el senador Juez publicó en su cuenta de X (donde nadie puede repreguntar) que fue recibido en Olivos por Milei, quien lo invitó con milanesas. Tan básico y obvio para decir que él es «amigo» del Presidente y que éste no le cuestiona su «estatismo kirchnerista». ¿Por qué deberían hacerlo los periodistas?. Sencillamente porque el ejercicio periodístico debería promover que la opinón pública acceda a hechos y análisis relevantes, no solo a declaraciones insustanciales. Eso es simplemente propaganda (¿estos periodistas también estarán pensando en 2027?), en este caso, a favor de un mensaje perturbado y falaz.

Es lo que hay en Córdoba. Penoso.

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