Las marchas y contramarchas de los senadores nacionales del PRO, UCR, Federales y de LLA, en torno a la situación del entrerriano Edgardo Kueider, despues que lo detuvieran en Paraguay pretendiendo ingresar 200 mil dólares en efectivo, evidenciaron lo imprevisible e individual del juego político de oficialistas y aliados eventuales en la Cámara Alta. También expuso la hipocresía y las contradicciones de todos los sectores, incluídos los representantes del peronismo kirchnerista, aunque hayan sido los únicos que sostuvieron la misma postura de prinicipio a fin.

Eso es lo que se vio en el show armado en torno a las opciones expulsión o suspensión del senador dolarizado. Idas y vueltas oscuras que, contradictoriamente, dejaron claro que ni al oficialismo libertario y sus aliados; ni a los opositores peronistas, les importa un pito la corrupción. Probablemente tampoco le importe a buena parte de la sociedad. El «honestimo» no es una opción electoral con chances de éxito en Argentina, más allá de los discursos.

De todas maneras lo que sucedió en el senado, y específicamente el papel de la mayoría de los representes del PRO, la LLA, UCR y Federales ( bloque éste último al que pertenecía el expulsado Senador Kueider, y al que pertenece la representantre cordobesa Alejandra Vigo), es la muestra de los «negocios» que con los espacios de poder se vienen haciendo. Solo que en esta oportunidad hubo desconcierto, improlijidad y mala praxis en la LLA y sus aliados más visibles. Fueron exitosos esos «acuerdos» en las gestiones para sostener los vetos presidenciales de las leyes que beneficiaban a los jubilados y a la educación pública universitaria. Esto en Diputados. En el Senado, lo de Kueider, salió mal. No sabemos cuál será el resultado en otros casos, como el de las designaciones en la Corte Suprema donde un rol clave es será el del peronismo.

Más allá de la violencia discursiva del presidente Javier Milei (que agrada a muchos argentinos), pidiendo «echar a patadas en el culo a los corruptos», lo que en realidad pretendía y deseaba en el caso de Kueider, era que al senador sospechado de cobrar en dolares una coima para aprobar de la ley bases solo lo suspendieran. No que lo expulsaran. Así, cuando pasara la tormenta y sin hacer mucho ruido lo repondrían en la banca y le recordarían todos los días que estaba en deuda -el senador- por el enorme favor de que haberle arreglado el entuerto judicial en Paraguay. Pero Mauricio Macri y sus senadores, encabezados por Luis Juez, quienes con gambetas endiabladas, metieron la cola.

La secuencia de hechos pueden resumirse así:

Prólogo

Primer movimiento: inusualmente, en la frontera con Paraguay, controlaron al senador entrerriano Kueider. Le encuentraron 211 mil dolares en una mochila. Viajaba con su secretaria, Lara Guinsel Costa, y quedaron detenidos. Habían pasado ya cinco veces por ese lugar, nunca los habían demorado. LLA y el gobierno de Milei atribuye el hecho a una acción de los servicios de inteligencia manejados por Macri.

Segundo movimiento: se conocen las millonarias inversiones off shore en Miami de la esposa de Cristian Ritondo, el jefe macrista de Diputados. El PRO lo asume como una respuesta de los servicios de inteligencia de Milei, aunque en los medios el asunto es cuidadosamente silenciado.

Tercer movimiento: la vicepresidenta Victoria Villaruel habilita la sesión solicitada por el peronismo para tratar la expulsión del senador Kueider. Milei anuncia su viaje a Italia para seguir enamorando a la abandonada Giorgia Meloni, y de paso, recibir el pasaporte de ciudadanía comunitaria europea en tiempo récord.

Cuarto movimiento: Luis Juez vocifera a través de todos los medios y periodistas siempre disponibles que Kueider merece ser expultado. Esto hasta 12 horas antes de la sesión. Luego parece cambiar de criterio y comienza a declarar por los mismos medios y ante los mismos periodistas que mejor sería solo suspenderlo. A Juez no se le cuestionan sus contradicciones. Puede ser kirchnerista a la hora del desayuno, y libertario austríaco para la cena en el mismo día. Nadie lo incomoda pidiendole explicaciones.

Quinto movimiento: las negociaciones finales entre el macrismo y Milei parecen no iniciarse, o al menos no ser fructíferas. Se hizo la noche. Entonces, la jueza Sandra Arroyo Salgado, de indudable filiación macrista, imputó, allanó y pidió la extradición de Kueider.

Episodio

Sexto movimiento: los senadores llegaron a un recinto convertido en el mar de las incógnitas. La vicepresidenta Villaruel hizo todo lo necesario para que se supiera que ella rogó a la UCR para que votaran por la suspensión para no darle una victoria al «kirchnerismo». Antes les había habilitado la sesión cuando podía no hacerlo.

Luis Juez, por su lado, y pese a todo su amor, admiración, agradecimiento y chupamedismo a Javiel Milei, se alineó a Mauricio Macri y votó, junto a la mayoría de su bloque, por la expulsión de su colega.

El radicalismo también.

La Federal Alejandra Vigo hizo fuerza, sahumendo más que votando, por la expulsión para despegarse de su compañero de bloque (¿si Kueider cobró para aprobar la ley bases, sus aliados, entre ellos Vigo, que también voto a favor, no sabían nada?).

Hasta la Libertad Avanza terminó avalando la expuslsión de Kueider. ¿Los confundió las declaraciones del Presidente (ya mencionadas)?, ¿no tuvieron directivas ni línea política?, ¿sabian que perderían de todos modos y quedarían pegados a Kueider si iban por la suspensión?.

Solo los senadores PRO que responden a Patricia Bulrrich votaron por la suspención y no por la expulsión. Entre ellos la cordobesa, compañera de fórmula de Juez, Carmen Alvarez Rivero. «Carmencita» para Luis. De larga e incondicional trayectoria en el Opus Dei y representante de una familia de empresarios con varios entuertos legales siempre pendientes. Lo de Kueider no le movió el amperímetro del pecado. Ese bloque, que además integran Martín Goerling, Alfredo De Angeli y Andrea Cristina se mostró muy extraviado. Horas antes de la votación habían tenido discursos muy encendidos a favor de expulsar a Kueider. Después, al igual que Luis Juez, cambiaron por la suspensión sin expulsión. Pero al parecer, el cordobés no les avisó que Macri ordenó finalmente la expulsión. De Angeli lo dijo claramente: «acá el que se dio vuelta fue Juez, ahí se perdió la votación».

Como no podía ser de otra manera el off sider salteño Juan Carlos Romero se abstuvo y los kirchneristas festejaron un triunfo chiquito, casi estudiantil.

Este movimiento, fue el más intenso y el que reveló la posición real de cada quién en la Tragedia Argentina.

Exodo.

Séptimo movimiento (se completan los siete pecados): Luis Juez, Alejandra Vigo y Carmen Alvarez Rivero hicieron silencio stampa. El primero hubiera querido quedar bien con el Presidente y con Macri, pero no pudo. En los vetos a la suba de jubilaciones y al presupuesto educativo universitario pudo hacerse el boludo (su especialidad en estos casos) porque al costo lo pagaron los Diputados. El senado no intervino y Juez quedó bien con todos. En esta oportunidad le tocó optar y lo hizo por Macri desairando a Milei, a quien tanto estima.

Vigo hubiera preferido tomarse vacaciones desde el 1 de diciembre y Alvarez Rivero avaló al sospechado senador coimero sin que le tiemble la pera.

Javier Milei, pasó de querer echar a Kueider a «patadas en el culo» a sostener que la sesión fue ilegal porque su vicepresidenta debía estar a cargo del Ejecutivo por su ausencia (no olvidemos que él había viajado a Italia).

Mauricio Macri, en la cumbre del cinismo, declaró a los medios que Kueider no debió ser expulsado. El país escucha sus carcajas y los insultos de Milei y sus trolls, que en ésta, durmieron la siesta.

Hasta acá una tragedia digna, por su maldad y cinismo, del propio Eurípides. En lugar de Jasón huyendo con Medea, podríamos considerar la variante Kueider huyendo con Lara Guinsel Costa. La gran incógnita es lo que viene. ¿Se convertirá Milei en una Medea euripideana capaz de vengarse de las formas más terribles?. Mientras sea en el senado vaya y pase. El problema es que en la tragedia que representa la Argentina libertaria se muere la esperanza, cada día, un poco. Esa es la venganza de los poderosos y odiadores, más allá del episodio del senador dolarizado.

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