El Gobierno de Javier Milei y el ministro de Economía, Luis Caputo, afrontarán en los próximos dos años un desafío clave en materia de deuda: vencimientos con acreedores privados por cerca de US$ 34.000 millones, una carga que condiciona la estrategia financiera y el vínculo con los mercados.
Según el cronograma vigente, en 2026 vencen aproximadamente US$ 13.800 millones, mientras que en 2027 los compromisos ascienden a otros US$ 18.000 millones. Se trata, en su mayoría, de pagos correspondientes a bonos reestructurados, en un contexto de reservas ajustadas y con el acceso al financiamiento internacional todavía limitado.
El volumen de vencimientos vuelve a poner en el centro del debate la sostenibilidad del programa económico. El Gobierno apuesta a consolidar el superávit fiscal y a una eventual baja del riesgo país para poder refinanciar parte de esos compromisos en mejores condiciones. Sin embargo, el mercado sigue reclamando señales más claras sobre el esquema cambiario, la acumulación de reservas y la capacidad de crecimiento de la economía.

En ese marco, cada licitación de deuda, cada dato de inflación y cada negociación con organismos internacionales adquieren un peso adicional. La magnitud de los pagos previstos para 2026 y 2027 funciona como un recordatorio permanente de que el ordenamiento fiscal, por sí solo, no garantiza la resolución del problema de la deuda.
Con una economía todavía en recesión y una recuperación incierta, el desafío para Milei y Caputo será evitar que el calendario de vencimientos se transforme en una nueva fuente de tensión financiera y política en el mediano plazo.
