En un nuevo giro discursivo que deja al descubierto la distancia entre las promesas de campaña y la realidad de gestión, el secretario de Agricultura, Sergio Iraeta, reconoció que las tan proclamadas “retenciones cero” al campo recién llegarían —si todo sale según un escenario hipotético— al final de un segundo mandato de Javier Milei. Es decir: dentro de, al menos, ocho años.

Las declaraciones, realizadas en el evento anual de AmCham Argentina en Buenos Aires, funcionan como un verdadero sincericidio político. Durante años, Milei y su equipo económico repitieron hasta el cansancio que las retenciones eran un “robo”, un “impuesto distorsivo” que debía eliminarse de inmediato. Hoy, ya en el poder, el relato se acomoda: la eliminación total queda pateada a un futuro lejano e incierto.

El argumento de Iraeta para justificar la postergación no sorprende, pero sí contradice el discurso original. “No se puede jugar con la responsabilidad fiscal”, dijo, alineándose con la narrativa del ministro de Economía, Luis Caputo. La frase, sin embargo, choca de frente con las promesas de shock liberal que proponían una reducción drástica del Estado y de la presión impositiva desde el primer día.

En otras palabras: lo que antes era urgente, ahora es gradual; lo que antes era una convicción ideológica, hoy se subordina a la caja.

El problema no es solo la demora, sino la inconsistencia. El Gobierno insiste en que “está cumpliendo todo lo que prometió”, mientras uno de sus principales funcionarios admite que una de las banderas históricas del espacio se difiere por casi una década. ¿Se trataba entonces de una promesa real o de un eslogan electoral?

Iraeta, en su exposición, también buscó mostrar un panorama optimista del sector agropecuario: rindes “explosivos”, una soja mejor de lo esperado y un campo que “recupera competitividad”. Pero incluso ese relato queda opacado por la contradicción central: si el campo es el motor de las divisas —como el propio funcionario reconoce—, ¿por qué mantener durante años más el mismo esquema impositivo que el oficialismo decía combatir?

Más temprano, Caputo había prometido “los mejores 18 meses de las últimas décadas”, en una nueva apuesta al optimismo que ya se volvió habitual en el discurso oficial. Sin embargo, las señales concretas parecen ir en sentido contrario: ajuste, postergación de reformas clave y una creciente distancia entre lo que se dijo y lo que se hace.

El cierre del foro, a cargo del propio Milei antes de su viaje a Israel, tendrá ahora un contexto incómodo: uno de sus funcionarios acaba de ponerle fecha lejana a una de sus principales promesas.

Porque si las retenciones cero llegan —eventualmente— en un segundo mandato que aún no existe, la pregunta es inevitable: ¿qué queda hoy de aquel discurso incendiario contra los impuestos al campo?

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