En medio de un contexto económico marcado por el ajuste, la caída del consumo y salarios que no logran seguir el ritmo de la inflación, el Senado vuelve a quedar en el centro de la polémica. A partir de mayo, los senadores nacionales pasarán a cobrar más de $11,4 millones brutos por mes, producto de un aumento acumulativo del 12,5% acordado entre las autoridades del Congreso y los gremios legislativos.

El incremento es consecuencia directa del mecanismo aprobado en 2024, cuando a mano alzada se resolvió que las dietas de los senadores quedaran “enganchadas” a la paritaria del personal legislativo. Desde entonces, cada actualización del valor del módulo salarial impacta automáticamente en lo que cobran los legisladores.

La estructura del salario de un senador se compone de 2.500 módulos de dieta, 1.000 módulos en concepto de gastos de representación y 500 módulos por desarraigo, este último pensado para solventar la estadía en Buenos Aires de quienes provienen de las provincias. Con el valor del módulo actualizado, el ingreso bruto trepará progresivamente hasta alcanzar $11.497.077 en mayo.

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El problema no es solo el monto, sino el momento político y social en el que se produce. Mientras el gobierno de Javier Milei impulsa un discurso permanente de austeridad y exige sacrificios a la sociedad, la dirigencia política vuelve a mostrar una desconexión total con la realidad. Jubilaciones que pierden poder adquisitivo, salarios estatales congelados y recortes en áreas sensibles contrastan con una dirigencia que sigue garantizándose ingresos de privilegio.

El escándalo golpea especialmente a la jefa del bloque oficialista, Patricia Bullrich, que queda expuesta en medio de otra controversia que sacude al Gobierno: la inclusión de la esposa del vocero presidencial Manuel Adorni en la comitiva oficial que viajó con el Presidente a Estados Unidos. En cuestión de días, el oficialismo quedó atrapado entre denuncias de privilegios, familiares en viajes oficiales y ahora aumentos millonarios para la política.

Aunque la vicepresidenta Victoria Villarruel habilitó que los senadores puedan renunciar de manera individual al aumento, lo cierto es que el mecanismo funciona más como un gesto simbólico que como una solución de fondo. Si no presentan una nota formal, el incremento se aplica automáticamente.

El contraste con la Cámara de Diputados también es llamativo. Los diputados no están atados a la paritaria legislativa y, según el último recibo publicado en diciembre de 2025, percibían $6.049.064 brutos, prácticamente la mitad de lo que cobrarán los senadores en mayo.

Una vez más, el Congreso parece vivir en una dimensión paralela. Mientras millones de argentinos ajustan sus gastos para llegar a fin de mes, la política sigue discutiendo cómo acomodar sus propios ingresos. Y aunque se repita el discurso del sacrificio y la austeridad, los números vuelven a mostrar lo mismo de siempre: cuando se trata de la dirigencia, el ajuste rara vez llega.

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