La dirigencia sindical de Córdoba, de todos los signos y colores, demuestra, por estos días, no solo una incomprensión absoluta de los tiempos políticos y económicos del país y la provincia, sino además un comportamiento cínico, abyecto y una doble vara peligrosa y desconcertante.

Mientras en Córdoba, los más visibles mediáticamente se empeñan en complicar violentamente la vida cotidiana de toda la ciudadanía, inflaman sus discursos setentistas revolucionarios y exigen un estandar de estado de bienestar suizo, ante el gobierno nacional y, especialmente, ante Javier Milei, arrugan de una manera indigna.

Tal vez se olvida la dirigencia gremial más casta de Córdoba cuando Luis Juez se reunía antes de las elecciones pasadas con empleados públicos a quien prometía equiparar los sueldos más bajos con los bancarios, EPEC y municipales. Hoy los delegados del sindicato municipal son filojuecistas y responden directamente a un amigo personal del senador, el matón Rubén Daniele. A Juez no le reclaman nada, y menos su conversión libertaria. No se inmutan los activistas gremiales cuando en las sombras el senador Juez levanta la mano en contra de los trabajadores buscando congraciarse con Milei o con Karina para tratar de lograr una bendición que le permita seguir viviendo del estado y sus privilegios. Juez apoya la reforma laboral anti obrera de Milei y solo generó empleo para su mayúsculo grupo de súbditos en lugares específicos del Estado donde los sueldos superan ampliamente lo que prometió a los estatales cordobeses y hoy vota a favor de destruir las conquistas gremiales de todo el país. La doble vara del gremialismo cordobés debe medirse también con la de dirigentes y políticos que en Córdoba dicen una cosa y en Buenos Aires dicen otra.

Resulta que los «taitas» y «compadritos» sindicalistas locales cortan calles, peajes, insultan, amenazan, y dejan cotiadianamente a sus comprovincianos tirados reclamando con lógica «guevarista» ante un contexto despiadado de la economía para la mayoría. Pero cuanto el autor de las medidas que más afecta a los asalariados y jubilados (350 mil pesos de jubilaación nacional básica), el pronunciador de los discursos de odios que los señala a ellos, los sindicalistas, como corruptos e inéptos,el que los amenaza con romper toda la lógica de los derechos laborales históricos, cuando ese personaje viene a pavonearse y a ejercer la más berreta de las demagogias a un festival en el medio de la sociedad rural agroexportadora, los «combativos» sindicalistas cordobeses no dicen ni mu, y se quedan en sus casas mirando al torturados por televisión.

Quizá hasta lo festejen. Esos sindicalistas son, sin dudas indignos de sus representaciones. O como dicen el el barrio: cagones y mentirosos.

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