El Tesoro de los Estados Unidos le envió a Argentina US$ 808 millones en Derechos Especiales de Giro (DEGs) para que el gobierno de Javier Milei pueda afrontar, con lo justo y al límite, un vencimiento de deuda con el Fondo Monetario Internacional. La operación —que permitió cubrir US$ 833 millones de intereses previstos para el 1° de febrero sin recurrir a las reservas propias— expone con brutal claridad la falacia del discurso oficial.

Porque mientras el ministro Luis Caputo insiste semanas tras semana con una narrativa de “reserva récord” y “fortaleza macroeconómica”, la realidad demuestra exactamente lo contrario: sin auxilio externo, el Gobierno no cierra sus números.

Más relato que reservas: lo que Caputo viene pidiendo desde que asumió Milei

Desde que Milei llegó a Balcarce 50, Caputo no deja de suplicar por respaldo externo:

  • Primero fue el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, rechazado inicialmente por el propio presidente y finalmente firmado con condicionamientos que luego se tradujeron en políticas de bandas cambiarias que alimentan todavía más la inflación.
  • Luego vino el swap de US$ 20.000 millones con Estados Unidos, un auxilio imprescindible para sostener un esquema cambiario frágil y vulnerado por la falta de confianza.
  • Más adelante, cada vez que el Gobierno chocó con tensiones de liquidez o brechas cambiarias, Caputo salió públicamente a destacar la necesidad de “respaldos externos”, como si eso fuera mérito y no síntoma de debilidad estructural.
  • Y ahora, con esta jugada de DEGs, queda claro que sin un nuevo desembolso del FMI —unos US$ 1.000 millones condicionados a la segunda revisión del programa— el esquema financiero argentino no resiste.

Todo eso mientras el funcionario repite en cada conferencia de prensa que las reservas están “más fuertes que nunca”. La paradoja es brutal: tenés que pedir dólares prestados o recibir DEGs para pagar al FMI, y aun así afirmar que las reservas están sólidas. La lógica no cierra.

La jugada de los DEGs y la preservación de reservas

La operación del 29 de enero, hecha a través del Fondo de Estabilización Cambiaria del Tesoro norteamericano y publicada por Clarín, no fue un gesto casual ni un “colaboración amistosa”: fue una intervención técnica para evitar una fuga de reservas propias.

En lugar de comprar dólares con pesos para transferirlos al FMI —movimiento que desgasta reservas—, Argentina recibió DEGs que le permitieron cumplir con el pago sin tocar los activos líquidos del Banco Central. Según las versiones que circulan en despachos oficiales, esto se facilitó gracias a que el Ejecutivo habría pagado esos DEGs con pesos desde los $2,3 billones que mantiene en cuenta en el Central, unos US$ 1.580 millones según el tipo de cambio oficial.

¿Quién cuida realmente las reservas?

Caputo, en sus discursos, dice una cosa; lo que ocurre en los hechos es muy diferente. La compra de DEGs a Estados Unidos para pagar al Fondo es un parche técnico, no una señal de fortaleza. Peor aún: pone de manifiesto que, sin respaldo externo, las reservas disponibles no alcanzan para financiar los compromisos de deuda básicos del país.

Y el calendario financiero no da tregua: a fin de febrero debe afrontarse otro vencimiento importante, US$ 990 millones correspondientes a bonos Bopreal emitidos para saldar deudas con empresas. Sin asistencia externa, ese pago sería un dolor de cabeza adicional para un Tesoro que ya está operando al límite.

La verdad detrás del relato

Esta maniobra –recibir DEGs para pagar al FMI en lugar de usar reservas— desnuda lo que el equipo económico no quiere admitir:

  • Las reservas no están “reales” ni “sobresalientes”, como se pregona.
  • La gestión depende de respaldo externo para no caer en default o desequilibrios financieros severos.
  • Caputo habla de fortaleza macroeconómica mientras habilita maniobras que evidencian fragilidad estructural.

El Gobierno puede repetir hasta el cansancio que las reservas “están bien”, pero mientras tenga que recurrir a DEGs y a acuerdos de swap para pagar al propio Fondo Monetario, la única conclusión razonable es que las reservas no alcanzan para sostener el esquema sin asistencia externa.

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