La ciudad de Córdoba fue escenario de una significativa movilización que marcó el inicio de un paro nacional de 36 horas, convocado por diversos sectores gremiales y sociales. Desde el mediodía, miles de personas se congregaron en el centro de la ciudad, transformando las calles en un espacio de reclamo y resistencia frente a las políticas de ajuste impulsadas por los gobiernos nacional y provincial.

La jornada comenzó con una masiva concentración que, según testimonios de participantes y observadores, reunió a trabajadores, jubilados, estudiantes y organizaciones sociales en un frente unido. Entre los presentes se destacaron gremios como la Unión de Educadores de la Provincia de Córdoba (UEPC), el Sindicato Único de Trabajadores del Neumático (SUTNA), los Químicos, la Junta Interna de ATE-CONICET y el movimiento piquetero, junto a agrupaciones de jubilados que alzaron su voz contra el deterioro de sus ingresos. La marcha, que partió desde el corazón de la ciudad hacia la intersección de las avenidas Colón y General Paz, se desarrolló bajo consignas claras: «Fuera Milei, Bullrich y el FMI» y «Abajo el ajuste de Llaryora», reflejando el descontento tanto con las medidas del gobierno nacional como con las políticas locales.

El clima en las calles fue de fervor y determinación. Las columnas avanzaron en un ambiente de solidaridad, con cánticos y pancartas que denunciaban la pérdida del poder adquisitivo, la precarización laboral y la caída de contratos, especialmente en el sector de la salud pública. En este sentido, las asambleas previas en hospitales provinciales, que llevaban semanas organizándose, encontraron eco en la movilización. Trabajadores de la salud visibilizaron la crítica situación del sector, marcada por el despido de al menos 50 contratados y el silencio del Ministerio de Salud provincial, que no ha ofrecido respuestas al conflicto.

La protesta no solo tuvo un impacto simbólico, sino también práctico: el centro de Córdoba se vio afectado por cortes de tránsito y una circulación complicada, evidenciando la magnitud de la convocatoria. La jornada del 9 de abril culminó con un acto que reforzó el mensaje de unidad entre los sectores movilizados, mientras que el paro continuó al día siguiente con un cese total de actividades, consolidando el reclamo como un grito colectivo de la clase trabajadora.

Esta movilización en Córdoba se inscribe en un contexto de creciente malestar social, donde la inflación, el ajuste económico y la falta de diálogo con las autoridades han encendido la chispa de la resistencia. Lejos de ser un evento aislado, la protesta reflejó la voluntad de los cordobeses de hacerse escuchar, reafirmando que, como se oyó en las calles, «la unidad de los trabajadores» es la respuesta a las políticas que consideran regresivas.

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