El cierre de listas en la provincia de Buenos Aires dejó en evidencia la creciente tensión interna en dos de las principales fuerzas políticas del país: La Libertad Avanza y el peronismo. Con negociaciones contrarreloj, pases de último momento y rupturas explícitas, el tablero electoral bonaerense expone fracturas que podrían tener impacto directo en el desempeño de los espacios en las urnas.

En el oficialismo nacional, La Libertad Avanza no logró consolidar un armado territorial sólido. Javier Milei continúa sin estructura en la provincia más populosa del país, y eso quedó al desnudo en la definición de candidaturas locales. A diferencia de lo prometido, no hubo una lista de unidad: aparecieron múltiples expresiones libertarias, muchas sin coordinación central, y en varios distritos los referentes locales se cruzaron públicamente por los lugares de la boleta.

El caso de Lomas de Zamora fue paradigmático. Allí, la lista que responde a Guillermo Ferraro quedó enfrentada con la del armador local Martín Rozas, generando un conflicto que terminó con la judicialización de las candidaturas. En municipios clave como La Matanza, Mar del Plata o Quilmes, también hubo disputas entre libertarios «puros», ex peronistas reconvertidos y sectores ligados al PRO que buscan cooptar el espacio.

Algunos referentes históricos de Milei en el Conurbano decidieron directamente dar un paso al costado, denunciando falta de conducción política y acusando al círculo presidencial de «destruir todo lo que no controlan». En paralelo, surgieron listas libertarias «alternativas», impulsadas por sellos menores, que también dicen representar al oficialismo pero sin tener vínculo real con la mesa chica de LLA.

Del otro lado, el peronismo bonaerense vivió su propio terremoto. La tensión entre el kirchnerismo duro y los intendentes del PJ estalló con fuerza. El cierre de listas para las legislaturas provinciales y los concejos deliberantes terminó con acusaciones cruzadas, operaciones de prensa y fracturas abiertas.

En distritos como Merlo, Moreno y Avellaneda, los intendentes impusieron sus listas con el aval de Axel Kicillof, dejando fuera a sectores vinculados a La Cámpora. Esto generó la reacción de la agrupación conducida por Máximo Kirchner, que en algunos casos amenazó con jugar por afuera o dejar sin apoyo territorial la campaña de reelección del gobernador.

En La Plata, el PJ terminó divido en al menos tres listas distintas, mientras que en municipios como Tres de Febrero y Bahía Blanca se registraron verdaderas internas a cielo abierto entre distintas tribus del peronismo, sin una conducción clara que logre ordenar.

La debilidad estructural de LLA en la provincia de Buenos Aires, sumada a la fragmentación opositora y al desgajamiento del PJ, deja un escenario electoral impredecible. Las listas definitivas muestran un mapa de alianzas inestables, con liderazgos en disputa y viejos socios que ahora se enfrentan.

En este contexto, el gobernador Kicillof buscará revalidar su liderazgo con un esquema de poder acotado, sin el respaldo unánime del peronismo. En tanto, Milei, que apuesta a la centralización y la figura personalista, enfrenta el desafío de sostener la mística libertaria frente al caos organizativo.

La provincia de Buenos Aires, como siempre, será el termómetro real de lo que ocurre en el país. Pero este año, más que nunca, el escenario muestra que las lealtades son frágiles, los acuerdos efímeros y los proyectos políticos, cada vez más atomizados.

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