En el vertiginoso mundo de la política argentina, donde las alianzas se forjan y se rompen al ritmo de los intereses del momento, Javier Milei nos regala uno de esos giros que parecen sacados de una comedia de enredos. El presidente, conocido por su lengua filosa y su repertorio de insultos que harían sonrojar a un marinero, ha decidido postular a Fernando Iglesias como embajador ante la Unión Europea. Sí, el mismo Fernando Iglesias al que Milei solía tratar de “tontito, bobito, pedazo de pelotudo, estúpido, idiota” y hasta le dedicaba un “la c. de tu madre” en sus épocas de panelista furioso.
Corría el año 2022, cuando Milei, aún en su fase de economista disruptivo, compilaba un “ranking de insultos” que incluía a Iglesias entre sus blancos favoritos. Lo tildaba de todo: desde “bobito” hasta “pedazo de pelotudo”, en una catarata verbal que reflejaba las internas del PRO y el rechazo libertario a la “casta” tradicional. Iglesias, por entonces un diputado macrista con perfil combativo, era visto como parte de ese establishment que Milei prometía dinamitar.

Pero la política, esa gran maestra del pragmatismo, tiene sus caprichos. Hoy, en noviembre de 2025, el Gobierno solicitó el plácet a Bruselas para que Iglesias asuma en una embajada clave, vacante desde hace más de un año. El diputado saliente, que no renovó su banca y ya actuaba como representante informal en giras europeas, se perfila para negociar el acuerdo Mercosur-UE, ese tratado que lleva 25 años en el limbo.
¿Qué cambió? Todo y nada. Milei, ahora en el poder, necesita aliados leales en puestos estratégicos. Iglesias, ex Coalición Cívica y defensor acérrimo de Macri, viró hacia La Libertad Avanza alineándose con Patricia Bullrich. Acompañó al Presidente en viajes, presidió la comisión de Relaciones Exteriores y defendió la absorción del PRO por el mileísmo. La lealtad paga, y en este caso, con un cargo diplomático en Bruselas que incluye sueldo en euros y vista al Atomium.
Las redes, fieles a su rol de tribunal popular, no perdonan la ironía. Mientras algunos celebran el “milagro” de la reconciliación, otros recuerdan los viejos tuits y paneles donde Milei lo destrozaba. “De sorete a embajador”, resume el espíritu: en Argentina, ayer enemigo, hoy compañero de fórmula. O, como diría el propio Milei en sus días de furia: “¡Viva la libertad, carajo!”… siempre que sirva para colocar a los propios.
Iglesias, con maestría en Relaciones Internacionales por Bolonia y un historial de polémicas (desde manoseos públicos hasta viajes financiados por su fundación), defenderá ahora los intereses argentinos en Europa. ¿Logrará el acuerdo comercial? ¿O será otro capítulo de la saga mileísta, donde los insultos de ayer son los plácets de mañana?
En fin, la política argentina: donde nadie es eterno sorete, salvo que no se alinee. Bienvenido al club de los embajadores, Fer. De pelotudo a plenipotenciario, en un solo balotaje.
