Durante la campaña presidencial de 2023, Javier Milei prometió un futuro radiante para los argentinos: «Vamos a cobrar en dólares», aseguró con vehemencia, pintando un panorama de estabilidad económica, fin de la inflación galopante y salarios competitivos en la moneda fuerte. Era el gancho perfecto para captar a una clase media asfixiada por la devaluación constante del peso. ¿Quién no soñaría con un sueldo en verde, blindado contra la hiperinflación?

Pero la realidad, como siempre, golpea más fuerte que las promesas electorales. Dos años después, en noviembre de 2025, lo único que asoma en el horizonte laboral no son billetes con la cara de George Washington, sino tickets canasta. Sí, esos vales o bonos que las empresas entregarían a los empleados como parte de la compensación, si se aprueba la tan mentada reforma laboral que el gobierno impulsa en el Congreso.

La reforma, disfrazada de «modernización», busca flexibilizar el mercado de trabajo: reduce indemnizaciones, amplía periodos de prueba y, en su versión más controvertida, permite que una porción del salario se pague en especie. ¿En qué? En tickets para la canasta básica: alimentos, higiene, transporte. Un retroceso al trueque del siglo XX, época del menemato más puro y recalcitrante que Milei tanto valora y venera, donde el trabajador cambia horas de esfuerzo por vouchers que apenas cubren lo esencial. Olvidate de ahorrar en dólares; ahora el sueño es estirar el ticket para llegar a fin de mes sin hambre.

Milei lo vendió como dolarización express, pero por ahora, el único «dólar» que vemos es el que se evapora en la góndola del supermercado. Los que cobran sueldo mínimo vital y móvil (SMVM) –actualmente en torno a los 200.000 pesos, pulverizados por la inflación– serían los primeros en recibir estos tickets. Las patronales aplauden: menos costos fijos, más «flexibilidad». Los sindicatos gritan: precarización total.

¿Y la dolarización? Quedó en stand-by, víctima de la recesión, el ajuste fiscal y la falta de reservas en el Banco Central. Mientras tanto, el trabajador argentino pasa de ilusionarse con sueldos en dólares a rezar por un ticket que alcance para el pan y la leche. De la libertad prometida a la canasta básica: bienvenidos al Milei real. ¿Próximo paso? ¿Vales para el asado dominical? Solo el tiempo –y el Congreso– lo dirá.

Un interrogante que muchos argentinos se preguntan por estas horas: ¿cómo se cobrará?. Serán largas filas en las puertas de las fábricas o industrias, se preguntan de a montones los laburantes del siglo XXI que poco saben de esto, están acostumbrados a la tarjeta y ahora a las transferencias. Los comerciantes los recibirán 1 a 1 o especularán como ocurrió a finales de los 90 cuando como mucho te pagaban o te daban en mercadería el 85 por ciento con carteles de se recibe solo la mitad de la compra con tickets. ¿No es una herramienta para la evasión?, quién le dirá al arca que facturó por mil cuando la mitad de esos mil eran papelitos de colores con un valor simbólico.

La Argentina de Milei triunfador en las elecciones, que entra a las reuniones de gabinete al ritmo de música yankee y es aplaudido por sus ministros, cada vez más se parece a la de la pizza y champán o el vermut con papas fritas.

Ticket o pesos: ¿qué vale menos?.

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