La lista designada y promovida por la vocal del Tribunal Superior de Justicia, Aída Tarditti, e integrada por el fiscal Enrique Gavier, sufrió una dura derrota en la elección para consejero y correctores en representación del fuero penal en el Consejo de la Magistratura provincial. El tándem Tarditti-Gavier, boleta Blanca, fue derrotado por la Fiscal de Cámara Laura Batistelli, que encabezó la boleta Azul junto a la vocal de Cámara Patricia Sosa, el vocal de Cámara Enrique Berger, la fiscal de instrucción Lourdes Quagliatti y el Defensor Público Anibal Zapata. Estos obtuvieron 72 votos (54%) contra 61 (45%) del dueto Tarditti-Gavier. Hubo además un 1% de voto nulo.
La elección de este representante en el Consejo de la Magistratura es clave para el fuero penal provincial y este año se dio en el marco de un clima electoral inédito. Anteriormente la renovación (bianual) se realizó en base a acuerdos entre los funcionarios y magistrados de ese fuero. En 2025 fue muy distinto. Desde el inicio del proceso, Aída Tarditti planteó que el consejero y los correctores serían designados por ella sin tener en cuenta la opinión de nadie. Un blanqueo de postura de la vocal, cuyo único propósito es controlar todos los hilos del Poder Judicial cordobés y proyectar su figura con la aspiración de ocupar un sillón en la, eventualmente, ampliada Corte Suprema de Justicia de la Nación. Esto, siempre y cuando los acuerdos entre Cristina Fernández y Javier Milei, dos figuras en teoría (solo allí) distantes de Tarditti, terminen de cerrarse y de ese modo logren repartirse, ambos, el botín de la Justicia del país. También se deberá dar la condición de que a la senadora Alejandra Vigo (impulsora de Tarditti en la Corte) no se le acaba la nafta en el próximo Congreso.
Pero volviendo a lo provincial es necesario destacar que durante las asambleas previas a la elección que intentaron designar por acuerdo al Consejero y los cuatro correctores (hubo varias), Tarditti llevó intencionalmente la situación al punto de ruptura. Como resultado de ello, la vocal armó y quiso imponer, con capricho personal, una lista en la que inicialmente no figuraba Enrique Gavier como candidato sino a Franco Pilnik, un fiscal tenido en tribunales como ex empleado y discípulo funcional de Gavier, en el más amplio y menos prestigioso sentido del término. Especulan en Tribunales que la vocal Tarditti supuso que no tendría oposición. Que nadie se animaría. Sucedió lo contrario. Un grupo de funcionarios con larga trayectoria en el sistema judicial se presentó postulando a Laura Batistelli y una lista, la Azul, integrada por funcionarios que atienden más las causas que tramitan que las ambiciones personales de sus coyunturales “jefes”, o “jefas”. Asumieron la representación de un sector de los judiciales que, con luces y sombras, no trafica humo político ni mediático, según los tiempos y la oportunidad.
Con la aparición de la lista Azul se encendieron las alarmas en el despacho de Tarditti. Sobre la marcha, la vocal, borró a Pilnik, el muleto, y mando a la pista al original: Gavier asumió públicamente por primera vez una candidatura en nombre de su jefa política y protectora, y expuso su supuesto “prestigio” ante los pares. La señal fue inequívoca, Tarditti jugó todo, y con sus “alfiles” poniendo la cara. Completó la propuesta con Maria de los Angeles Palacios, una vocal de Cámara que funciona bajo su más estricto control, como candidata a consejera; y sus dos ex relatoras en la sala penal del TSJ, Mónica Traballini y Laura Baralle, como correctoras.
Finalmente se votó, por primera vez con urna y sufragio secreto. De un padrón de 155 funcionarios habilitados participaron 134 (un inédito 86% de asistencia). Ganó Laura Batistelli. Tarditti y Gavier perdieron.
Se abre una etapa compleja para las ínfulas de dominio y aspiraciones personales de Tarditti, la vocal considerada, política e ideológicamente (de entenada de la dictadura a neo woke del subdesarrollo), más sinuosa del TSJ cordobés. En primer lugar porque quedó seriamente cuestionado su liderazgo y el de sus alfiles. Esos de costumbres propias relajadas pero de actuar público al borde de lo mesiánico y con las manías exuberantes de los autoproclamados enviados de dios. El golpe por la elección del consejero del fuero penal apunta a dejar a Tarditti fuera de carrera en su aspiración para presidir el TSJ en 2026. También podría verse obligada a resignar la presidencia de la sala penal del máximo cuerpo judicial de la provincia. Ambos espacios son muy relevantes, especialmente porque, además de un sillón en la Corte Suprema, Tarditti aspira, más terrenalmente, a seguir controlando con mano de hierro otros hilos muy sensibles de la Justicia provincial que hoy maneja a “gusto y piacere”. Es público y sabido en Tribunales que la presidencia de Luis Angulo en el TSJ es casi una formalidad. Al igual que el sillón de Fiscal General de Juan Manuel Delgado en el Ministerio Público Fiscal. Tarditti es casi la “karina” de la Justicia cordobesa. Al menos, hasta el viernes 31 de octubre, cuando sufrió se propio día de brujas y tuvo que contar los votos. A diferencia de la «karina» del 3% a Tarditti le fue mal. Pero de todo eso informaremos con más detalles en próximas entregas. (continuará….)
