Entre el 7 y el 11 de enero, Flybondi volvió a demostrar que su modelo low cost no es sinónimo de eficiencia sino, cada vez más, de caos previsible. En apenas cuatro días, la compañía canceló 105 vuelos programados y debidamente informados al sistema. El ingreso de más aviones lituanos “con ADN comunista” bajo modalidad ACMI —esa fórmula mágica que prometía salvar la operación— no resolvió absolutamente nada.

El resultado: 19.800 pasajeros afectados en pleno pico de temporada.

La nueva estrategia: cancelar antes de que el problema estalle en el aeropuerto

Si hay algo que Flybondi parece haber aprendido de su propio fracaso operativo de la temporada anterior, es que nada queda más feo en redes sociales que un aeropuerto lleno de pasajeros varados, tirados en el piso y protestando ante las cámaras. Este año, la empresa ensayó un método más “quirúrgico”: avisar con anticipación qué vuelos piensa cancelar para evitar imágenes incómodas.

La táctica puede evitar escraches, pero no deja de ser lo mismo: una operación aérea colapsada, maquillada con comunicación corporativa y anuncios preventivos.

Una gestión que suma millas… en engaños

La narrativa interna de Flybondi habla de crecimiento, eficiencia, récords operativos y “la libertad de volar”. Pero afuera, en la realidad que no entra en un post de Instagram, crece otra estadística: la del engaño sistemático al pasajero.

Engañar no es un error:

es un patrón.

Y cuando ese patrón afecta a miles de usuarios, cuando las cancelaciones se repiten año tras año y cuando se promete un servicio que no puede garantizarse, la línea entre el engaño y la estafa consumada se vuelve peligrosamente fina.

No es un detalle menor que el diseño de esta recaída operativa lleve la firma de Mauricio Sana, el CEO de Flybondi, imputado en la justicia penal por atentar contra la seguridad operacional. Su gestión, lejos de exhibir una mejora, repite la precariedad estructural del año pasado, casi calcada, solo que ahora con el truco de avisar antes qué vuelo no va a salir.

2024/25 vs. 2025/26: igual o peor

Comparar ambas temporadas es un ejercicio rápido porque el diagnóstico es idéntico:

  • Cancelaciones masivas
  • Falta de flota suficiente
  • Operación improvisada
  • Pasajeros afectados en escala industrial
  • Y ahora: una comunicación temprana para evitar protestas visibles, el único cambio “positivo” del año.

En síntesis, Flybondi no resolvió nada. Solo aprendió a esconder mejor el desastre.

Después de dos temporadas consecutivas de colapso operativo, la pregunta es inevitable:

¿Hasta cuándo va a tolerar el sistema aeronáutico argentino que una compañía opere con una estructura tan frágil que su principal plan de contingencia es cancelar antes de tiempo?

El derecho a volar barato no debería incluir como cláusula obligatoria el riesgo de no volar. Y sin embargo, la promesa amarilla más ruidosa del mercado low cost argentino se convirtió —una vez más— en la promesa menos cumplida del verano.

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