Lejos de la épica de “ciudadanos autoconvocados”, el oficialismo libertario exhibe un listado concreto de nombres y apellidos que integran el dispositivo digital de apoyo permanente al presidente Javier Milei.

En las últimas hora se conocío que Milei los recibió en una audiencia privada.

Según el material que circula en redes y ámbitos oficiales, el núcleo está compuesto por los siguientes integrantes:

Juan Manuel Uriarte – electricista industrial
Jimena Etchevarria – directora creativa de televisión
Gabriel Kalenberg – licenciado en Comunicación Social
Alejandra Morsicato – abogada (familia)
Flavio Arenales – autor de “Las Fuerzas del Cielo. Virrey del Pino”
Cinthya Laurencio – profesora de Artes
Graciela Travaglini – docente jubilada (esposa de un estafador que estuvo preso)
Carlos Carosia – “El cantante de La Paternal”
Samantha Aquino – influencer salteña
Damián Acosta – director comercial
Leonardo Griffo – maestro mayor de obras
Alejandro Cesar – relator de motos y karting
Nicolás Abrazo – especialista en UX
Marina Biagetti – dirigente y referente de La Derecha Diario
Eric Acosta – licenciado en Nutrición (Generación Libertaria)
Geraldine Prais – candidata de La Libertad Avanza
Nicolás Sosa – personal trainer

Todos distintos, un mismo libreto

Las biografías son diversas, pero el comportamiento es idéntico: defensa cerrada del Gobierno, ataques coordinados, consignas repetidas y silencio absoluto frente a escándalos. No hay debate, hay bajada de línea.

La contradicción libertaria

Mientras Milei denuncia a “la casta”, este ejército digital vive del Estado al que dice combatir.
Los recursos salen de YPF, el Banco Nación y estructuras paraestatales, vía contratos, convenios, asesorías, pauta encubierta o beneficios indirectos. No es militancia gratuita: es propaganda financiada con fondos públicos.

La pregunta que el Gobierno no responde

¿Cuánto cuesta sostener este aparato?
¿Cuántos contratos hay?
¿Quién autoriza los pagos?
¿Bajo qué concepto se financia la propaganda política con empresas del Estado?

Hasta ahora, silencio.
Porque el ajuste es para abajo, pero la billetera del poder siempre encuentra a quién pagarle.

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