El ministro de Modernización, Federico Sturzenegger, salió a defender la nueva reforma laboral del gobierno de Javier Milei con una serie de aclaraciones que, lejos de despejar dudas, revelan el verdadero espíritu del proyecto: flexibilizar todas las relaciones laborales del país, abaratar despidos y financiar un fondo indemnizatorio recortando recursos que hoy integran las jubilaciones.
En una entrevista difundida por Noticias Argentinas, Sturzenegger explicó que la reforma aplicará a todos los contratos laborales existentes, no solo a los que se firmen a partir de su aprobación. Esto implica que millones de trabajadores en relación de dependencia verán modificadas sus condiciones laborales sin haber firmado nada y sin posibilidad real de negociar.

Salarios: flexibilización total y riesgo de segmentación
El ministro sostuvo que a partir de la ley los salarios podrán pactarse en pesos o en dólares, y que se habilitará la negociación por empresa, con el argumento de que cada región del país tiene “costos de vida diferentes”.
La lógica parece simple: salarios más bajos donde la vida es más barata. Pero la consecuencia es clara: se institucionaliza la competencia salarial a la baja, debilitando a los sindicatos y rompiendo cualquier piso nacional de derechos. Lo que Sturzenegger presenta como “flexibilidad”, para los trabajadores puede traducirse en desigualdad y pérdida de poder adquisitivo.
Indemnizaciones: precisión para las empresas, recorte para los trabajadores
Sturzenegger insistió en que la indemnización “seguirá siendo un mes por año trabajado”. Sin embargo, admitió que la ley excluye ítems como aguinaldo y vacaciones, que hoy forman parte de los cálculos judiciales en muchos casos. Es decir, no cambia la fórmula, pero reduce qué entra dentro del “mes”, lo que en la práctica significa indemnizaciones más bajas.
El ministro lo justificó diciendo que la reforma busca “evitar la creatividad judicial” y limitar la litigiosidad. En otras palabras: blindar a las empresas frente a reclamos laborales legítimos.

Vacaciones y banco de horas: flexibilidad sin resguardo
El gobierno también impulsa una flexibilización de las vacaciones, que podrán fraccionarse en días sueltos “de mutuo acuerdo”. Pero en un mercado laboral donde la relación de fuerzas es tan asimétrica, “mutuo acuerdo” suele significar que el empleador decide.
Lo mismo ocurre con el banco de horas: Sturzenegger lo presentó como una ventaja (“trabajás 12 horas el lunes y el viernes venís mediodía”), sin explicar qué pasa cuando el patrón impone esa organización y el trabajador no tiene derecho a negarse.
El nuevo fondo de indemnizaciones… financiado por los jubilados
Uno de los puntos más controversiales es la creación del Fondo de Asistencia Laboral (FAL), que reemplazará en la práctica el sistema tradicional de indemnizaciones. Será financiado con un 3% de la masa salarial… pero Sturzenegger admitió que ese dinero saldrá de fondos que hoy integran las jubilaciones, las cuales por lo tanto se reducirán.
Es decir, para abaratar despidos, el gobierno quita recursos al sistema previsional. Una decisión que afecta a millones de jubilados que ya vienen perdiendo poder adquisitivo con cada cambio en la fórmula y con aumentos que no acompañan la inflación.

Un modelo laboral hecho a medida de las patronales
La defensa del ministro confirma lo que sostienen sindicatos y especialistas: la reforma laboral del mileísmo no busca modernizar, sino abaratar el trabajo, debilitar la negociación colectiva, reducir las indemnizaciones y flexibilizar horarios y vacaciones. Y hacerlo, además, afectando a los jubilados para financiar un esquema que facilita despidos.
La foto política es clara: mientras Milei abre el juego a las empresas para redefinir condiciones laborales, los trabajadores —formales e informales, activos y jubilados— quedan en la línea de ajuste.
Una reforma presentada como “clarificación”, pero que en la práctica abre un mercado laboral más precario, más desigual y con menos derechos. Una reforma que, una vez más, se paga desde abajo.
