Luis Juez es conciente de sus límites y fatigas electorales. Sabe que para tener otra chance provincial debe montarse inevitablemente sobre alguna ola nacional que lo empuje. Solo no llega. Esto viene sucediendo desde hace casi dos décadas con sus candidaturas «a todo» en Córdoba. Primero se montó a la ola kirchnerista para empujar el voto anti peronismo cordobés en 2007. Luego al progresismo de Elisa Carrió y Binner, y más tarde a las varias versiones del macrismo. No le alcanzó. Ahora, cuando el propio Juez esta convencido que se juega el resto, dice que quiere tener el honor de ser el candidato de Javier Milei para la gobernación de Córdoba en 2027.

La realidad es que Juez quiere ser candidato a gobernador otra vez. Con Milei, o con quien sea. La condición es que le sume más votos de lo que él es capaz de reunir por si mismo. Sabe que, sin la ola nacional, está condenado a obtener 14 por ciento. Como en 2011 cuando, en soledad, quizo ser por segunda vez intendente de Córdoba aliado nada más ni nada menos que a Olga Riutort. En esa elección perdió contra Ramón Mestre, Tomás Mendez y Esteban Dómina.

Ese panorama y sus necesidades explican que sea el propio Juez quien difunde y amplifica sus reuniones con el Presidente Milei en Olivos. En Córdoba, el periodismo con púlpito y buena parte del circo político le dan una gran mano atribuyendo a los encuentros un significado exhuberante en favor de las aspiraciones juecistas de subirse, por ahora, a la ola libertaria.

Pero la realidad parece ser muy distinta. Según le confió el propio Senador Nacional a uno de sus más íntimos adláteres del Frente Cívico, las tertulias con Milei en Olivos son una gran decepción. La nada misma. Algo que le provoca mucha angustia. «Este tipo es peligroso, nunca dice nada, no da ninguna señal ni habla de polìtica. Se hace el pelotudo. Solo me pide acompañar y habla de cosas de la economía que no entiendo y de las minas que se lleva a Olivos. Esta fascinado con eso», habría confesado con inquietud sobre las chispeantes noches en la Residencia Presidencial.

La versión no es nueva. Al menos para la mayoría de los dirigentes polìticos y para muchos de los periodistas. Sólo que esas faunas son muy temerosas del odio declarado por el mundo libertario. Además son especialistas en hacerse los no enterados cuando la coveniencia así lo sugiere. Los propios dirigentes libertarios cordobeses, adscriptos a la obediencia debida, admiten que de política «solo se habla con Karina». En este grupo nadie confirma la versión sobre la fascinación de Milei por «las minas» que ahora, milagrosamente, gustan del Presidente, pero tampoco la desmienten. Gente grande y algo «virga» solo sueltan risitas sobre el asunto.

La situación descripta con inquietud por el Senador Juez sobre Milei puede, sin forzar interpretaciones, relacionarse con algunos hechos mediáticos del universo vedetongo. Y hasta se los entiende mejor.

Por ejemplo, la aparición de la asesora de imagen Rosmery Maturana, a quien se la señaló como la nueva pareja del Presidente después de formalizada la ruptura con Amalia Yuyito González. Rosmery dio algunos detalles: «Hablé con Javier el día que levantó el cepo y al día siguiente ya tenía un llamado de Yuyito que decía ‘Hola, Rosmery, ¿cómo estás? Necesito hablar con vos, si no me atendés, te voy a seguir buscando. Se lo conté a Milei y él no me contestó nunca más, hace 15 días que no me habla», se lamentó. Sobre el tipo de vínculo que la unía al máximo mandatario, Rosmery detalló: «Yo le compraba los medicamentos, le mandaba cositas dulces, a veces lo mandaba a dormir, no estoy enamorada de él, nuestra relación no pasa por ahí». También contó que antes había tenido un affaire con el ex Presidente Alberto Fernández, quien, como Milei, incluía el tema «minas» entre sus preferidos.

Otro hecho que involucra a una personalidad del rubro y que se vincularía con uno de los supuestos temas preferidos por el Presidente es el de la tiktokera Macarena Rodriguez, quien acompañó la delegación Argentina al Vaticano por la muerte del Papa Francisco, y antes, al encuentro entre Milei y Elon Musk, cuando el argentino le regaló la motosierra. La tiktokera adscribe a la secretaría de medios que conduce Manuel Adorni, pero los mismos dirigentes y periodistas que callan, por ahora, saben que Adorni solo ordena pagarle el sueldo. Y por supuesto, todo el mundo conoce que para subir contenidos a Tik Tok no es necesario formar parte de ninguna delegación. En las redes todo puede hacerse a distancia.

De manera que la confesión de Luis Juez sobre el alcance de sus tertulias en Olivos con el presidente no sería una sorpresa. Eso sí, el Senador y sus difusores seguirán tratando de crear un alo de profundidad política en base a las porciones de milanesas adobadas con aventuras, bataclanas y teorías austríacas que parecen ayudar poco a quienes no llegan a fin de mes. Todo vale para intentar surfear con éxito sobre la ola libertaria. Mientras dure.

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