En un acto de campaña en Junín que pretendía mostrar fortaleza de cara a las elecciones bonaerenses de 2025, Javier Milei protagonizó un bochornoso acto fallido que expuso la fragilidad de su liderazgo y la hipocresía de su discurso anticorrupción. Mientras arengaba contra la oposición, el Presidente soltó una frase que resonará como epitafio de su gestión: “Están molestos porque le estamos afanando los choreos”. La declaración, rápidamente viralizada en redes sociales, no solo confirma la torpeza de Milei para manejar la crisis que envuelve a su gobierno, sino que parece un cruel guiño a las graves acusaciones de coimas que salpican a su hermana Karina y su entorno más íntimo.
El escándalo de Diego Spagnuolo y las coimas de Suizo Argentina ha dejado a La Libertad Avanza en un estado de parálisis terminal. Los militantes libertarios, especialmente los jóvenes que alguna vez creyeron en la promesa de un cambio radical, están hundidos en la desmoralización. Las mesas de campaña, que deberían estar inundando las calles bonaerenses, brillan por su ausencia. Los activistas, acosados por burlas como la del video viral donde un transeúnte deja un billete de mil pesos “para Karina”, prefieren esconderse antes que enfrentar el escarnio público. Y no es para menos: con allanamientos que incautaron fajos de dólares, celulares y máquinas contadoras de billetes, el escándalo no es un rumor etéreo, sino una bofetada de realidad que desmonta el relato de Milei como paladín de la honestidad.
El acto en Junín, lejos de ser un relanzamiento de campaña, fue un reflejo del caos que reina en el gobierno. Mientras Milei interrumpía su discurso para pedir un médico para un asistente –un gesto que no compensa su indiferencia ante las necesidades del país–, Karina Milei, señalada en una denuncia penal por corrupción, tuvo el descaro de tomar la palabra para atacar al kirchnerismo. Su “Kirchnerismo nunca más” suena irónico cuando las acusaciones contra ella pintan un cuadro de nepotismo y negociados que harían sonrojar a cualquier político de la “casta” que tanto critican. La ausencia de una defensa coherente desde el gobierno ha dejado a los militantes sin argumentos, atrapados en silencios incómodos en sus grupos de WhatsApp, mientras los trolls libertarios, agotados de defender lo indefendible, claman que “estos se afanan todo”.
El cierre de listas, que marginó a Las Fuerzas del Cielo de Santiago Caputo –el único sector que entusiasmaba a las juventudes– y consolidó el poder de figuras como Sebastián Pareja y los Menem, ya había apagado cualquier chispa de ilusión. Ahora, con el escándalo de las coimas, la campaña libertaria parece más un velorio que una contienda electoral. En un momento crucial, cuando los partidos organizan fiscales para las ocho secciones bonaerenses, La Libertad Avanza se desmorona bajo el peso de su propia contradicción: un gobierno que prometió erradicar la corrupción ahora está hundido en ella. Milei, con su lapsus en Junín, no solo se burló de sí mismo, sino que certificó el derrumbe de un proyecto que, lejos de liberar, encadena a Argentina a un nuevo capítulo de decepciones.
