Una multitudinaria marcha convocada por el Partido Justicialista (PJ), La Cámpora, sindicatos, movimientos sociales y sectores de izquierda se llevó a cabo en Buenos Aires en respaldo a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, tras la ratificación de su condena a seis años de prisión e inhabilitación perpetua para cargos públicos por la causa Vialidad. La movilización, inicialmente planificada para acompañar a Kirchner a los tribunales de Comodoro Py, cambió su destino a Plaza de Mayo luego de que el Tribunal Oral Federal N°2 le concediera prisión domiciliaria, eximiéndola de presentarse físicamente en los tribunales.
La marcha, bajo consignas como “Argentina con Cristina” y “Vienen por ella, vamos con ella”, comenzó en el departamento de Kirchner en el barrio de Constitución (San José 1111) y avanzó hacia Plaza de Mayo, donde se realizó un acto político a partir de las 14 horas. Miles de militantes, gobernadores, intendentes, legisladores, sindicalistas y referentes territoriales de todo el país se congregaron para rechazar lo que denominaron una “proscripción política” orquestada por la Corte Suprema y el gobierno de Javier Milei. Emilio Pérsico, líder del Movimiento Evita, destacó la magnitud de la movilización, calificándola como “una de las más grandes de los últimos tiempos” y subrayando la unidad del peronismo ante el fallo judicial.
Desde su domicilio, donde cumple prisión domiciliaria con tobillera electrónica, Cristina Kirchner envió un mensaje grabado a los manifestantes, agradeciendo el apoyo y criticando el modelo económico de Milei: “No me dejan competir porque saben que pierden. Este modelo se cae”. También arengó a la militancia con la consigna “Vamos a volver”, evocando la resistencia peronista. Dirigentes como Sergio Massa, Máximo Kirchner y Axel Kicillof participaron activamente, denunciando un “golpe de autoritarismo” y cuestionando el operativo de seguridad liderado por Patricia Bullrich, que incluyó controles en accesos a la ciudad y revisiones a colectivos provenientes del interior.
A pesar de los intentos del gobierno por limitar la movilización con un fuerte dispositivo de seguridad, la marcha se desarrolló sin incidentes graves, aunque hubo cortes de calles y desvíos en el centro porteño. La Policía de la Ciudad y fuerzas federales establecieron vallados y controles, pero el clima fue mayormente pacífico y festivo. La convocatoria reflejó la capacidad de movilización del peronismo y su apuesta por revertir la inhabilitación de Kirchner, con miras a los tribunales internacionales, mientras se posiciona como una fuerza de resistencia frente al gobierno de Milei.
