La novela libertaria sumó otro capítulo, esta vez con un protagonista inesperado… o no tanto: Alfredo “Capi” Rodríguez, presidente de La Libertad Avanza, quedó procesado por presentar afiliaciones más falsas que las promesas de campaña del propio espacio. La Justicia Electoral Nacional determinó que las firmas eran truchas, apócrifas, dibujadas, como prefiera llamarse en el ecosistema libertario donde la realidad es optativa.
Rodríguez ahora deberá explicar cómo terminó llevando a los tribunales un paquete de adherentes que jamás adhirieron a nada. Cosas que pasan cuando la militancia no existe pero hay que inventar padrones para sostener el relato del “partido más grande del país”. A falta de convencidos, buenos son los Photoshop.
En paralelo, otro capítulo digno de serie barata: cuatro efectivos de Prefectura están bajo la lupa por una requisa tan sospechosa como deficiente realizada al propio Rodríguez. Un operativo que, según trascendió, podría competir tranquilamente en torpeza con los memes del vocero presidencial. Y no es poca cosa.
Mientras la Justicia avanza, el mundo libertario calla, o tuitea, o sube gráficos sin fuentes: cada uno expresa su desorden como puede. Lo cierto es que el presidente partidario que debía representar la épica libertaria terminó representando, apenas, la triste tradición argentina del “si pinta, metemos un par de firmas falsas”.
El “Capi” tendrá que dar explicaciones. Y Milei, una vez más, tendrá que mirar para otro lado mientras insiste en que su espacio vino a combatir la casta… con métodos tan viejos como la misma casta que dice odiar.

