La reciente confirmación de la Corte Suprema de Argentina de la condena a seis años de prisión y la inhabilitación perpetua para cargos públicos de Cristina Fernández de Kirchner ha sacudido el panorama político del país. La ex presidenta, una de las figuras más influyentes y polarizantes de la política argentina en las últimas dos décadas, ha sido apartada del juego electoral justo cuando planeaba competir por una banca en la legislatura de la provincia de Buenos Aires. Este fallo, que la obliga a cumplir arresto domiciliario por su edad, no solo marca un hito en su trayectoria, sino que plantea una pregunta clave para el futuro inmediato: con Cristina fuera de la contienda, ¿quién será el nuevo «enemigo» de Javier Milei?
El presidente Milei, desde su llegada al poder en 2023, ha construido su narrativa política en torno a la confrontación con el «kirchnerismo», al que ha señalado como el símbolo de la decadencia económica y la corrupción sistémica. Su mensaje en redes sociales tras el fallo –“Justicia. Fin”– y su retórica previa, como su deseo de “clavar el último clavo en el ataúd del kirchnerismo”, reflejan una estrategia que capitaliza la polarización para consolidar su base. Cristina, con su capacidad para movilizar multitudes y su liderazgo indiscutido en el peronismo, era el adversario perfecto: un ícono que galvanizaba tanto el amor de sus seguidores como el rechazo de sus detractores. Pero con su proscripción, Milei pierde a su rival más visible y, según algunos analistas, un pilar fundamental de su relato político.
La ausencia de Cristina en el escenario electoral obliga a Milei a redefinir su estrategia. Como señala el periodista Alejandro Cancelare, ambos líderes se han necesitado mutuamente para alimentar una narrativa de bien contra mal, relegando a otras fuerzas como el macrismo a un segundo plano. Sin ella, el presidente podría buscar un nuevo antagonista para mantener viva la confrontación que le ha dado rédito político. Una posibilidad evidente es Axel Kicillof, el gobernador de Buenos Aires y principal rival interno de Cristina dentro del peronismo. Kicillof, con su perfil progresista y su gestión al frente de la provincia más poblada del país, podría convertirse en el nuevo referente de la oposición, especialmente si el peronismo, revitalizado por el “martirio” de Cristina, cierra filas en torno a él. Sin embargo, Kicillof carece del carisma y la capacidad movilizadora de Fernández de Kirchner, lo que podría limitar su impacto como “enemigo” ideal para Milei.
Otra opción es que Milei apunte a figuras emergentes dentro del peronismo o incluso a sectores sociales y sindicales que han prometido protestas en respuesta a la condena. La CGT, la mayor central obrera del país, ya ha advertido sobre posibles paros nacionales, y los movimientos sociales que respaldan a Cristina podrían intensificar su presencia en las calles. Estos actores, aunque fragmentados, representan una resistencia tangible a las políticas de ajuste y desregulación de Milei, que han generado descontento en sectores populares golpeados por la inflación y los recortes. Sin embargo, demonizar a los sindicatos o movimientos sociales podría ser arriesgado, ya que podría alienar a una clase trabajadora que, aunque desencantada con el peronismo, no necesariamente abraza la agenda libertaria.
Por otro lado, Milei podría optar por un enemigo más abstracto: el “sistema” o la “casta política” en su conjunto, conceptos que han sido centrales en su discurso desde la campaña. Esta estrategia le permitiría mantener su imagen de outsider sin necesidad de personalizar el conflicto en una figura específica. No obstante, la vaguedad de este enfoque podría debilitar su capacidad de movilizar a su base en un contexto electoral, especialmente en las legislativas de medio término de septiembre y octubre de 2025, donde la oposición buscará capitalizar el descontento económico.
La condena de Cristina también plantea un desafío para el peronismo. Sin su líder más carismática, el movimiento enfrenta el riesgo de fragmentarse aún más, pero también la oportunidad de renovarse. La narrativa de “lawfare” y persecución judicial, que Cristina ha reforzado al calificar a los jueces de la Corte Suprema como “títeres” al servicio de intereses económicos, podría galvanizar a sus seguidores y fortalecer la resistencia peronista. Sin embargo, la falta de una figura de su talla podría dar paso a liderazgos menos polarizantes pero también menos efectivos para enfrentar a un Milei que, hasta ahora, ha sabido capitalizar la división.
En conclusión, la proscripción de Cristina Fernández de Kirchner no solo cierra un capítulo en su carrera política, sino que abre un nuevo escenario de incertidumbre para Milei y el peronismo. El presidente deberá encontrar un nuevo adversario que le permita mantener su narrativa de lucha contra la “casta”, ya sea Kicillof, los sindicatos o un enemigo más difuso. Mientras tanto, el peronismo, herido pero no derrotado, tendrá que decidir si apuesta por la unidad detrás de un nuevo líder o se refugia en el mito de Cristina como mártir. Lo que es seguro es que, en la Argentina de 2025, la política seguirá siendo un campo de batalla donde la polarización, lejos de desvanecerse, buscará nuevos protagonistas.
