El Tren de las Sierras volvió a ser noticia por una falla grave, esta vez con un incendio que obligó a evacuar a unas 120 personas en la zona de La Calera, en Córdoba. No hubo víctimas de milagro. Lo que sí hubo fue miedo, humo, desesperación y una escena que resume con crudeza el abandono del Estado nacional a los trenes del interior.

El incidente ocurrió en pleno recorrido y expuso el estado calamitoso del servicio ferroviario regional: formaciones viejas, mantenimiento deficiente y una gestión nacional ausente, más preocupada por el ajuste que por la seguridad de los pasajeros.

Las responsabilidades políticas son directas. El gobierno de Javier Milei decidió desfinanciar el sistema ferroviario, paralizar inversiones y mirar para otro lado mientras los trenes circulan en condiciones cada vez más precarias. El resultado es este: trenes que se prenden fuego y pasajeros evacuados al costado de las vías.

El hecho se agrava por el vacío de poder en el área de Transporte, que atraviesa una crisis profunda tras la reciente renuncia de su titular, salpicado por denuncias de coimas y corrupción. Un ministerio clave, desmantelado, sin conducción y atravesado por escándalos, mientras los servicios públicos se deterioran día a día.

Lejos de ser un accidente aislado, lo ocurrido en La Calera es parte de un patrón de abandono deliberado. El Tren de las Sierras es uno de los pocos servicios que aún conectan a Córdoba con localidades del interior, utilizado por trabajadores, estudiantes y jubilados. Sin embargo, para el Gobierno nacional parece ser un gasto prescindible.

Mientras Milei predica el “Estado mínimo” y celebra el ajuste, la realidad viaja en vagones incendiados. La pregunta ya no es si el sistema ferroviario está en crisis, sino cuántos episodios más harán falta para que el ajuste no termine en una tragedia mayor.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *