Los dirigentes neolibertarios de la Argentina están convencidos -y mal no les fue hasta ahora- que el delirio, los exabruptos y la violencia en el discurso son instrumentos políticos mucho más eficaces que la verdad. Y los usan construyendo una versión propia de realidad (delirada) que, creen, satisface las expectativas y necesidades de su ejército de leales. Estos son los casos del neolibertario multi ideológico Luis Juez, quien se erige como un verdadero precursor en la materia, y de la ministra Pro-libertaria Patricia Bullrich que pretende superar las marcas del cordobés.

En las últimas horas, el delirio y la estafa de la Ministra de Seguridad se expresó en la versión expuesta durante una entrevista concedida a América 24 sobre los audios grabados supuestamente en forma ilegal a la Secretaria General de la Presidencia y hermana, Karina Milei. El contenido de los mismos es absolutamente irrelevante en todo sentido, pero el terror pareció apoderarse del gobierno nacional porque quienes los difundieron anunciaron que existían 50 minutos más de grabaciones que serían publicadas. Frente a esto Bullrich decidió salir en una entrevista acordada con la señal antes mencionada para denunciar a «personas ligadas a servicios de inteligencia rusos». Sugirió también que podría haber «incidencia de Venezuela», y dijo que la grabación en la Casa Rosada como «algo inédito e increíble» en el país.

También informó que había denunciado a periodistas y negó que hubiera pedido que los mismos fueran allanados. Aunque el escrito de tal denuncia que el periodista del canal «amigo» le leía al aire en el mismo momento, confirmaba que sí había pedido allanar los domicilios de los periodistas.

Un verdadero delirio. Una verdadera estafa.

Como era de esperar la Justicia de Comodoro Py siguió el juego delirante, prohibió difundir los audios (la libertad de expresión NO avanza) pero no se atrevió a allanar a nadie. En tanto, la embajada de Rusia emitió un comunicado donde, entre otros diplomáticos conceptos, señala: “Rechazamos categóricamente estas acusaciones, considerándolas infundadas y falsas. El deseo de ver ‘espías rusos’ en cada esquina es irracional y destructivo”. También destacó el compromiso de Rusia con la cooperación bilateral y la voluntad de celebrar en octubre el 140º aniversario del establecimiento de relaciones entre ambos países, lejos de “historias de espionaje ficticio”.

La sensación es que si la impunidad no fuera el contexto más potende y favorable a los dirigentes libertarios en general, y en particular a la ministra Bullrich, este episodio debería significar lisa y llanamente la destitución de lo misma. No debería estar en manos de tremenda farsante y delirante la Seguridad de la Argentina.

Pero Córdoba no puede sorprenderse. Y casi que merece reclamar su reconocimiento como precursora del delirio estafante que hoy encarna Bullrich. Esto porque «un amigo de la casa», el Senador neolibertario (ex peronista, kirchnerista, lilista, macrista, larretista, ista, ista, ista), Luis Juez, fue el gran iniciador del show del delirio y la estafa el año 2003 cuando era candidato a intendente de la ciudad de Córdoba.

En aquel momento Juez denunció que supuestos sicarios extranjeros (paraguayos y chilenos) estaban planeando cometer –por encargo- un atentado contra su vida: “todos los días de mi vida hay una llamada telefónica. Ahora todo está en manos del fiscal (Juan Manuel) Ugarte que es una persona seria”, declaraba el entonces candidato a la emisora LV2, al calificar el tema como “delicado”. Agregó además que se había instalado en Córdoba una “fuerte campaña sucia, sumamente agresiva”. Y sentenciaba: “si se pretende asustarnos no lo van a lograr, porque vamos a seguir en los comités de campaña”.

Por supuesto que el fiscal Juan Manuel Ugarte nunca encontró el más mínimo indicio de que tales amenazas hubieran ocurrido y el hecho pasó a ser un recuerdo cómico, como tantos otros delirios pasados y futuros del ahora neolibertario Luis Juez. También en este caso, el delirante estafador gozó, y goza de los beneficios del paraguas de la impunidad mediática.

En el medio de todos estos delirios, la estafa se lleva, como mínimo, el 3%.

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