El Congreso inicia sus sesiones extraordinarias bajo una nube de incertidumbre política y con un presidente más pendiente de sus tours internacionales que de la realidad que atraviesa el país. Mientras diputados y senadores electos asumen sus bancas para encarar debates urgentes —como el Presupuesto 2026 y la reforma laboral— Javier Milei volvió a mostrar que para él la agenda local es siempre secundaria.

El Presidente viajó a Oslo convencido de protagonizar una postal de alta política internacional acompañando a María Corina Machado en la ceremonia del Nobel de la Paz. Pero ni siquiera sabía —o prefirió no saber— que Machado no asistiría. Todo su despliegue de “estadista global” terminó desinflándose en cuestión de horas cuando se confirmó que la dirigente venezolana no estaría presente y que el premio sería recibido por su hija.

Más que un papelón diplomático, el episodio expone el nivel de improvisación del Gobierno. Un presidente que viaja sin chequear lo más básico muestra una preocupante falta de profesionalismo. Se fue buscando una foto y terminó dando la imagen de un líder desconectado, que se mueve por impulsos antes que por información.

Mientras tanto, en Argentina se discute un presupuesto con recortes que afectan directamente a trabajadores, jubilados y provincias; se intenta avanzar con una reforma laboral que divide a especialistas y amenaza derechos adquiridos; y crece el malestar en sectores productivos que no encuentran señales de alivio. Pero Milei estaba en Noruega, en una ceremonia que perdió sentido incluso antes de empezar.

Es un contraste obsceno: el Congreso inicia un período clave, cargado de tensiones y decisiones que marcarán el rumbo del país, al mismo tiempo que el Presidente se ausenta en busca de un protagonismo internacional que no encuentra. Su viaje, lejos de mostrar liderazgo, deja al descubierto prioridades distorsionadas y una preocupante desconexión con la realidad nacional.

Mientras los legisladores toman juramento y se preparan para debates decisivos, Milei acumula kilómetros de vuelo y episodios que rozan el ridículo. Si su objetivo es gobernar, debería empezar por estar donde corresponde: en la Argentina, no en una alfombra roja que terminó vacía.

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