El Congreso abre este martes el período de sesiones extraordinarias, y lo hace bajo una tensión política creciente y con un temario marcado a fuego por la Casa Rosada. El Gobierno de Javier Milei prioriza dos piezas centrales: el Presupuesto 2026 —donde busca blindar su programa de ajuste— y la reforma laboral que promete desregular aún más el mercado de trabajo. Los diputados y senadores electos en octubre asumirán formalmente sus bancas por cuatro años, aunque con un margen de maniobra acotado frente a un Ejecutivo que presiona para avanzar sin concesiones.

El oficialismo llega a este inicio de período con una relación desgastada con los gobernadores, quienes anticiparon que tras la aprobación del Presupuesto volverán a exigir los fondos que la Nación retuvo durante los últimos dos años. Las provincias calculan que el recorte equivale a casi un punto del PBI y ya preparan una estrategia conjunta para enfrentar al Gobierno en un escenario fiscal cada vez más asfixiante. En paralelo, los gremios se organizan para denunciar que la reforma laboral que impulsa Milei implica un retroceso en derechos adquiridos, precariza condiciones de trabajo y consolida un modelo que traslada costos a los trabajadores.

El paquete de leyes que el Ejecutivo exige tratar en tiempo récord expone una vez más la contradicción central del Gobierno: mientras reclama libertad para el mercado, exige al Congreso una aprobación sin modificaciones, bajo presión y en medio de señales económicas que no acompañan su diagnóstico optimista. El Presupuesto 2026, según anticipan especialistas, buscará sostener el superávit a costa de subsidios, salarios y transferencias, sin un plan claro para reactivar una economía que ya acumula meses de caída en la recaudación y un desplome del consumo.

La expectativa oficial es que el Congreso ratifique sin demoras el rumbo económico y laboral que Milei considera “fundacional”. Pero la realidad política es otra: gobernadores molestos, gremios movilizados, legisladores que empiezan su mandato bajo la sombra de un Ejecutivo que decidió gobernar por shock antes que por consenso. El inicio de extraordinarias será, en los hechos, el primer termómetro serio para medir hasta dónde está dispuesto el Congreso a acompañar un programa que promete más conflicto que alivio.

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