La suspensión del acto libertario previsto para este sábado en El Botánico no fue una decisión estratégica ni un cambio de agenda: fue una retirada. Gabriel Bornoroni, jefe del bloque libertario en Diputados, dio marcha atrás a último momento ante un escenario evidente: no iba a lograr convocatoria.

Hace apenas unos días, el propio Bornoroni había inflado el evento en redes sociales con consignas grandilocuentes como “Córdoba se levanta contra los abusos de la casta”. La realidad fue bastante menos épica. Sin estructura territorial, sin militancia real y en medio de un oficialismo golpeado, el acto terminó desinflándose antes de empezar.

El contexto tampoco ayudaba. El escándalo del caso Adorni sigue salpicando al entorno más cercano de Karina Milei, el núcleo duro del poder al que responde Bornoroni. Pero además, en Córdoba, el diputado arrastra cuestionamientos propios: su manejo de organismos como PAMI y ANSES está cada vez más bajo la lupa.

En el PAMI, la designación de Eduardo Frayre —un empresario sin trayectoria en salud, vinculado a estaciones de servicio— tras la salida de Marcos Patiño Brizuela, expuso una lógica de reparto de cargos que poco tiene que ver con la eficiencia que pregonan. El resultado es una obra social en crisis y una conducción política que no logra dar respuestas.

Pero Bornoroni no es el único que muestra debilidad. Del otro lado, Luis Juez también juega su propio partido con más marketing que sustancia. Su acto en Punilla, previsto para este viernes, sigue en pie, pero lejos de representar una demostración de fuerza, aparece más como una jugada oportunista para capitalizar la caída ajena.

La superposición de convocatorias no fue casual: expone la fragmentación, la interna y la falta de conducción en la oposición cordobesa. Mientras unos cancelan por falta de gente, otros intentan juntar lo que pueden para no quedar afuera de la foto.

El resultado es un escenario político empobrecido, donde los discursos altisonantes chocan contra la realidad: dirigentes que prometen épica pero no pueden llenar un acto, y que en lugar de ofrecer soluciones, quedan atrapados en sus propias limitaciones.

La baja del evento de Bornoroni no solo deja al descubierto su debilidad. También muestra algo más profundo: que detrás del relato de renovación, en Córdoba se repiten las mismas prácticas de siempre, con dirigentes que compiten más por sobrevivir políticamente que por representar a la sociedad.

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