Por Romualdo de la Hoya
El Gobierno libertario repite una y otra vez que el superávit fiscal es su “regla de oro”, la garantía de la pureza doctrinaria y la prueba de que “esta vez es distinto”. Pero detrás de la épica del equilibrio de las cuentas, la realidad política muestra otra cosa: un oficialismo que empieza a parecerse demasiado a la vieja política que juró destruir.
El desembarco de Diego Santilli en el Ministerio del Interior es el ejemplo más claro. En nombre del “diálogo” y la “gobernabilidad”, Milei incorpora a un dirigente de la estructura tradicional del PRO para tender puentes con los gobernadores y el Congreso. No se trata de un libertario ni de un outsider: es un político profesional, negociador, experimentado en la rosca y en la administración del poder.
En otras palabras, la motosierra ahora pide mediadores.
Mientras tanto, el Gobierno avanza en una serie de decisiones que revelan un patrón preocupante. El traslado del ReNaPer al Ministerio de Seguridad concentra en un área policial la base de datos de todos los argentinos, una medida que remite a los mecanismos de control del pasado. Varios juristas y organismos de derechos humanos advirtieron que se trata de “una herencia de la dictadura” reciclada bajo el discurso del orden.
A la vez, Manuel Adorni, vocero presidencial y funcionario de confianza absoluta de Milei, acapara cada vez más poder. Su oficina se transformó en el centro neurálgico del relato oficial: coordina ministerios, supervisa las comunicaciones y controla los mensajes que se difunden. En los hechos, es un comisario político del discurso presidencial, encargado de garantizar que ninguna voz disidente rompa la línea de obediencia al líder.
Así, el Gobierno que prometió dinamitar la casta termina reproduciendo su manual más clásico: acuerdos bajo la mesa, concentración de poder y control absoluto de la comunicación.
El superávit se vuelve fetiche, pero no cambia la matriz política. Las viejas prácticas se visten de nuevas consignas, y el cambio prometido se parece, cada día más, al pasado que decían venir a enterrar.
