
La épica liberal libertaria tuvo anoche una versión mucho menos glamorosa que los discursos contra “la casta”: Eugenia Rolón, una de las militantes más visibles del oficialismo digital, fue atrapada manejando totalmente alcoholizada, con 1,89 gramos de alcohol por litro de sangre, casi cuatro veces el límite permitido. El paseo terminó cuando se llevó puesto un poste.
Según trascendió en el parte policial, la militante no solo estaba incapacitada para manejar: directamente no podía sostenerse en pie. El auto quedó inutilizado y la situación derivó en un papelón que, por supuesto, ningún influencer libertario decidió transmitir en vivo.
El operativo debió cerrarse con un detalle que ya es meme: el novio de Rolón, Iñaki Gutiérrez —uno de los principales operadores digitales del Gobierno— tuvo que ir a buscarla, como si fuera una adolescente que chocó el auto del padre, no una figura pública que exige “responsabilidad individual” en cada intervención.
En redes, mientras tanto, el discurso oficial siguió como si nada: libertad, república, motosierra, sacrificio. Pero la militante que durante años explicó que “el problema son los otros” terminó estampada contra un poste, más cerca de los excesos de la dirigencia tradicional que del manual del “nuevo país” que promocionan.

El Gobierno no emitió comentarios. Tampoco sus colegas de la tropa tuitera, que hasta hace dos días pedían cárcel para cualquiera que manejara con una gota de alcohol.
El silencio es ensordecedor, pero lógico: es difícil hablar de “moral superior” cuando una de las voces de la revolución liberal terminó dando positivo para todo menos para el ejemplo.

