Marcos Galperin no se guarda nada. A través de su cuenta de X y en cada entrevista, el fundador de Mercado Libre viene martillando el mismo mensaje: Temu y Shein no son competencia, son “dumping digital” disfrazado de shopping. Ayer, en la conferencia de Abeceb, Juan Martín de la Serna –su voz en Argentina– lo dijo sin anestesia: “Necesitamos un marco regulatorio igual para todos. Hoy las plataformas chinas venden a pérdida, con correo subsidiado y sin pagar un solo impuesto local. Así no hay mercado que aguante”.
El diagnóstico es crudo: cada paquete que llega desde Guangzhou genera empleo en Shenzhen, no en Avellaneda. Las pymes argentinas que venden en Mercado Libre –casi 900.000 familias– compiten contra precios que incluyen flete marítimo gratis y exenciones aduaneras que el resto no tiene. Mientras tanto, un vendedor local paga Ganancias, Ingresos Brutos, derechos de exportación si trae insumos y hasta el impuesto PAIS si quiere comprar dólares para reponer stock.
El dato que más duele: en lo que va de 2025, Temu creció 143% en usuarios latinoamericanos y ya factura en Argentina más que Linio y Dafiti juntos. Shein, por su parte, se llevó el 68% del mercado fast-fashion online femenino en menos de 18 meses. Números que duelen cuando el 92% de lo que se vende en Mercado Libre es producción nacional o regional.
Galperin ironiza en redes: “Antes pedíamos pista libre, ahora pedimos cancha pareja”. El guiño libertario es evidente, pero el reclamo trasciende ideología: México ya subió aranceles al 33,5% para envíos menores a US$50, Chile obliga a declarar IVA desde el primer dólar y Brasil acaba de aprobar tasa extra del 20% para plataformas extranjeras. Argentina, en cambio, sigue en la nebulosa: el nuevo régimen de courier puerta a puerta mejoró algo, pero todavía permite 12 envíos anuales libres de aranceles y hasta US$3.000 sin control.
El timing no es casual. Galperin deja el CEO en enero y quiere dejar la mesa servida: o el Gobierno mete mano ya, o en dos años la mitad de las pymes que hoy viven de Mercado Libre van a estar cerrando persianas mientras los galpones de AliExpress en Campinas se llenan de pedidos argentinos.
La frase que quedó resonando ayer en el Sheraton: “No le tengamos miedo a la competencia. Tengámosle miedo a la competencia trucha”. Difícil discutirle cuando los números hablan más fuerte que cualquier slogan.
