El exgobernador de Córdoba y diputado nacional electo, Juan Schiaretti, será sometido este viernes a una intervención cardíaca programada para reemplazar su válvula aórtica mediante un procedimiento por cateterismo. La cirugía, que se realizará en la Fundación Favaloro, fue definida por su equipo médico tras estudios recientes que señalaron la necesidad de mejorar el funcionamiento valvular y prevenir complicaciones futuras.
A sus 76 años, Schiaretti enfrenta esta intervención con antecedentes de salud significativos, entre ellos diabetes, lo que lo convierte en un paciente de mayor riesgo. Sin embargo, el procedimiento elegido —menos invasivo que una cirugía a corazón abierto— permite prever una recuperación más rápida, siempre sujeta a la evolución posoperatoria.
La noticia llega en un momento de fuerte significado político. Schiaretti debe asumir su banca en la Cámara de Diputados el próximo 10 de diciembre, un rol que marca su reingreso formal a la política nacional tras concluir su mandato como gobernador. Su presencia en el Congreso es clave para la coalición Provincias Unidas, espacio que él ayudó a consolidar y que busca posicionarse como una tercera referencia dentro de un sistema político tensionado entre la confrontación y la búsqueda de consensos.
Durante sus últimos años de gestión, Schiaretti se proyectó sobre el escenario nacional con un discurso centrado en el federalismo productivo, la moderación y la gestión pragmática. Su figura —consolidada y con fuerte peso en Córdoba— es vista por aliados y opositores como un factor de equilibrio en un Congreso que anticipa meses de negociaciones complejas.

La intervención quirúrgica, por lo tanto, no solo tiene un impacto en su salud personal, sino en la dinámica legislativa que comenzará a desplegarse en diciembre. De su recuperación dependerá que Schiaretti pueda asumir activamente su banca y sostener su rol como articulador dentro de su espacio político. En caso de que el posoperatorio demande más tiempo del esperado, su ausencia temporal podría modificar la correlación de fuerzas y obligar a Provincias Unidas a reorganizar su estrategia parlamentaria en un año que se anuncia decisivo para las reformas que intentará impulsar el Gobierno nacional.
La evolución de Schiaretti será seguida de cerca no solo por sus colaboradores en Córdoba, sino por el propio oficialismo y el resto de la oposición, conscientes del peso que puede tener el exgobernador en un Congreso fragmentado y necesitado de puentes.
